MEDINA DEJA IMPRESIONANTE LEGADO ECONÓMICO-SOCIAL, NO PUEDE VOLVER A GOBERNAR

Por Melvin Matthews.
Después del jonrón con las bases llenas me dí cuenta que antes tenía que haber cambiado al lanzador. No lo hice. El juego que estábamos ganando, lo perdimos.
Suena familiar esa oración; todos los managers de béisbol y de cualquier deporte profesional, han experimentado la frustración que entraña afrontar una derrota humillante, la cual pudo, en algún instante, revertirse en victoria.
Igual sentimiento embarga al gobernante o al líder político que encara la agonía de la derrota, un dirigente que disfrutó de amplias simpatías en la opinión pública, ventajas materiales y psicosociales durante un largo interregno de su ejercicio, pero que se derrumbó estrepitosamente en el último tramo de la competición.
Parodiando al béisbol, el jonrón con las bases llenas lo conectó Luis Abinader y el PRM cuando barrieron en los comicios del 5 de julio con la elección presidencial, de senadores y diputados, completando la victoria alcanzada en las municipales de marzo, marcando de ese modo el final del poder hegemónico ejercido por el PLD durante 20 de los últimos 24 años, 16 de ellos en forma consecutiva.
Tras ese aldabonazo electoral, nos dimos cuenta, supongo, de que Danilo Medina alegadamente impuso a Gonzalo Castillo como candidato oficial, que el eficiente Ministro de Obras Públicas no era “candidato atractivo”, porque no hablaba correctamente, que una parte importante de la membresía del otrora poderoso Comité Político del PLD se marginó de la campaña electoral disgustado, supuestamente, por la imposición que hiciera el mandamás del partido y que el PLD era una organización conformada por corruptos.
Pamplinas, puras pamplinas para justificar injustificables actuaciones y conductas típicas de traidores; estupideces, provenientes de la magia mediática de la posverdad, un calificativo “relacionado con o que denota circunstancias en las que los hechos objetivos resultan menos influyentes en la formación de la opinión pública, que apelar a las emociones y las creencias personales”. (Levitin, Daniel J., 2016, “La mentira como arma”, Alianza Editorial, Madrid).
¿La verdad? ¿Ajustada esta estrictamente a los hechos, que es lo trascendente en la vida, la política y el periodismo, en relación con la derrota del PLD?
La respuesta: Leonel Fernández. Su intensa campaña de descrédito contra el gobierno controlado por el partido del cual él era presidente y figura importante, específicamente, desde marzo 2019, surtió un efecto devastador que trastornó los intereses económicos, sociales y políticos del PLD, cruzada que tuvo su máxima expresión en el despliegue de las manifestaciones que protagonizó, con el apoyo del PRM, frente al Congreso Nacional controlado por el partido de su pertenencia histórica. Porque, en definitiva, gran parte de la campaña victoriosa del PRM vino gracias al accionar de Fernández, que concentró sus energías contra el PLD y exoneró a la formación de Abinader.
Por ejemplo, la mentirosa acusación, lanzada por Fernández en un discurso al país, de que el gobierno era el autor del intento de fraude que estropeó la implementación del sistema del voto automatizado, razón esgrimida para suspender la elección municipal del 15 de febrero, dejó helado a la nación, y dañó irreparablemente la imagen de Medina y el PLD, de tal suerte que jamás lograron reponerse. La respuesta tibia de Medina al día siguiente a nadie persuadió, habló 5 minutos para pedir la intervención técnica de la OEA, cuyo dictamen exonerando al gobierno e inculpando al Departamento de Informática de la JCE, llegó tarde, tres meses después.
¿La verdad? Que Fernández, quien gobernó la nación durante 12 años, tres periodos, dividió al PLD con su renuncia, porque no fue escogido candidato presidencial por cuarta vez, tras haber perdido de Gonzalo Castillo las primarias abiertas del 6 octubre, proceso interno reconocido como legitimo por la máxima autoridad electoral del país y la opinión publica. Alegó la comisión de un fraude que jamás demostró y pocos creyeron. Se burló de la ley de partidos que sanciona el transfuguismo, prohibiéndole al candidato perdedor de una convención ser candidato por otra organización; compró la franquicia del Partido de los Trabajadores (PTD) y con la anuncia del Tribunal Superior Electoral (TSE) formó un grupo nuevo, el FUPU. Para su buena suerte, todavía el país aguarda el fallo del Tribunal Constitucional apoderado de un recurso de inconstitucionalidad por el transfuguismo de Fernández, un dirigente que ha desplegado toda su actitud egoísta, típica del caudillaje político.
El pleito entre Fernández por apropiarse del PLD y Medina por retenerlo, fortalecerlo y reencausarlo hacia el poder continuará durante el cuatrienio que inaugura ahora el mandato de Abinader, porque el conflicto entre grupos opuestos que pretenden controlar el Estado pertenece a la normativa del ejercicio político, así como el intento de integración para lograr cierta forma de cohesión social. La presión de Fernández sobre el PLD continuará propiciando estampidas de antiguos compañeros hacia su litoral.
¿Cuál será la estrategia del presidente Abinader y el PRM frente a esa lucha?
Estimularla, propiciando el debilitamiento, el desprestigio y, si es posible, hasta la extinción del más fuerte, el PLD, que alcanzó solo el 32.97 (1,352,842 votos) de los sufragios como partido y con los aliados el 37.46%, es decir, 1,537,078 votos). En gratitud al FUPU, aliados además en el Congreso Nacional, Abinader y el PRM jamás enfrentarán, al menos por ahora, a Fernández, quien obtuvo la mísera cantidad de 233,538 votos, el 5.69 % del electorado.
Si tratarán de fortalecer al FUPU de Fernández, Abinader y el PRM tendrán que tomar siempre en cuenta una antigua regla política general que nunca, o raramente falla, según la cual, quien propicia el poder de otro, labra su propia ruina.
Mientras tanto, Medina desciende del solio presidencial derrotado electoralmente, enfrentado a un futuro sombrío y convertido en el primer mandatario a quien la Constitución Dominicana prohíbe volver y jamás repostularse al mismo cargo, ni tampoco a la vicepresidencia de la República. Sin embargo, deja a la posteridad un incomparable legado de realizaciones de toda índole, institucionales, sociales y económicas, que únicamente la aparición de la devastadora pandemia Covid-19 pudo detener y que la historia juzgará al paso del tiempo.
En franca minoría tras haber perdido el control del Congreso y la mayoría de las alcaldías, Medina baja del poder tan disminuido que su futuro político y personal queda a merced de la voluntad, estrategias y planes de Abinader y su grupo, mientras una parte de la sociedad reclama revancha en la modalidad de persecución de la corrupción, del caso Odebrecht y el cese de la impunidad.
Su legado, tras 8 años de gobierno, obviando la crisis del Covid-19 que no es su culpa, es el de una nación totalmente diferente a la que recibió de Leonel Fernández en 2012. Solo mencionar el crecimiento sostenido de la economía, la solución de los apagones con la construcción de las plantas que integran Punta Catalina, una obra cumbre pasto de la difamación opositora, junto a la revolución educativa integral de construcción de más de 30,000 aulas a nivel nacional, escuelas, hospitales, aumentos salariales a maestros, guardias y policías, médicos, y otros profesionales, representan un porcentaje exiguo del conjunto de los logros alcanzados. Y un larguísimo etcétera.
¿Errores de Medina?
Menciono los que creo son los más importantes: permisividad a la corrupción política, especialmente mediante la inamovilidad de funcionarios quienes permanecían largo tiempo en sus cargos; no remozó su gabinete ni la imagen del gobierno; no supo, o no quiso, terminar a tiempo la campaña reeleccionista, la cual extendió más allá de lo razonable a sabiendas de que no triunfaría con ella ni sería fructífera y, finalmente, no manejó adecuadamente la contradicción con Fernández, ambos perdieron de vista “que el objeto de la política es la paz, que lo político es el ámbito de los esfuerzos por establecer la paz, o expresado de otra manera, la paz es la categoría política por antonomasia. La paz es el fundamento y el rasgo y la norma de lo político, todo ello a la vez”. (Sternberger, Dolf, (2006), “El concepto de lo político”, Editorial Winter, Heidelberg Alemania).
Finalmente, Medina será el primer gobernante a quien aplica el articulo 124 de la Carta Magna, referido a la elección presidencial, un texto que él mismo acordó modificar en el año 2015 para conjurar una crisis opuesta a su repostulación dentro del gobernante Partido de la Liberación Dominicana (PLD), que a posteriori le permitiría el segundo mandato consecutivo que ahora termina.
Dice el texto: “El Poder Ejecutivo lo ejerce el presidente o la presidenta de la República, quien será elegido o elegida cada cuatro años por voto directo. El presidente o la presidenta de la República podrá optar por un segundo periodo constitucional consecutivo y no podrá postularse jamás al mismo cargo ni a la vicepresidencia de la República”.
El siguiente con esa condición será quien ahora accede al poder, Luis Abinader, dentro de cuatro u ocho años, a pesar de su jonrón con las bases llenas.

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