Expectativas de confianza y el establishment dominicano

 Por Cándido Mercedes

 “La única habilidad competitiva a largo plazo es la habilidad para aprender”.

 (Seymour Papert).

El Foro Económico Global cada año emite un informe sobre el mundo en lo social, político, económico, institucional. Para el 2020 evacuó una dimensión especial: Recuperar la confianza. El BID (Banco Interamericano de Desarrollo) acaba de emitir un importante trabajo bajo el título: Desigualdad y Descontento social: Como abordarlos desde la Política pública. En noviembre de 2010 el intelectual francés Jacques Attali entregó un Informe, que serviría de puente a la Estrategia Nacional de Desarrollo. Constituía un plan de desarrollo a diez años: 2010-2020.

Aquel informe, ignorado por completo por los hacedores de políticas, visualizaba distintos ámbitos de la sociedad: lo político, económico, las necesarias reformas, lo institucional, Educación, Salud, Justicia, Medio ambiente, control de la delincuencia, la problemática eléctrica, el escozor de la corrupción y la necesaria transparencia. 7 ejes centrales y 77 propuestas contundentes a ser llevadas a cabo en un tramo que abarcaba un interregno de 10 años.

El punto nodal de Jacques Attali en su exquisito trabajo fue “Con un Estado endeudado y sin gran margen de maniobra fiscal, una sociedad poco educada y preparada para el futuro, el país se arriesga, si no hace nada, a no tener una segunda oportunidad”. 11 años han transcurrido y la primera iniciativa consistía en DEVOLVER LA CONFIANZA A LAS INSTITUCIONES. Una catástrofe institucional devendría, sobre todo, con más virulencia a partir del 2012. Las instituciones, medidas por distintos organismos internacionales, nos situaban en sus caídas estrepitosas al lodazal de la cuneta espantosa. Era una clara obviedad sencillamente del desorden institucional organizado con una sociedad vapuleada bajo el “individualismo social”.

Sucumbir no es morir. Es lo que nos pasó como conjunto social. El ascenso al poder del PRM y sus aliados con el Lic. Luis Adolfo Abinader Corona al solio Presidencial, ha sido la oportunidad en medio de una simultaneidad de crisis (sanitaria, económica, laboral, social). Es el desafío para el cambio, para mover todo el cuerpo social desde el gatopardismo anquilosado del esquema del statu quo a una dimensión del establishment más acorde con la exigencia de la sociedad, más cambios sustanciales y una ruptura total con la tradición y costumbre de una parte de la elite política, que siguen con el mismo libreto de la parálisis paradigmática.

Dirigir un Estado con las características opacadas de los últimos 25 años es un reto hercúleo, ciclópeo, empero, es la única brújula y antorcha que permite colocarse en la historia glorificada del cielo. La conflictividad y el juego de intereses suma cero es la singularidad que nos caracteriza como nación. La mirada miope, discromatopsia, con hipermetropía, presbicia, astigmatismo, glaucoma, catarata, que no nos permite dibujar con visión y misión la perspectiva del conjunto.

La sociedad ha forjado una confianza renovada en Luis Abinader. Las expectativas de confianza son halagüeñas, que se robustecerán acordes con los cumplimientos de las expectativas. Conjugación de subjetividad y objetividad de una sociedad que no está dispuesta a otorgar un cheque en blanco. Una sociedad expectante frente a la gran crisis de confianza de los últimos 8 años y mayor aun después de ir conociendo toda la vastedad de la putrefacción institucional jalonada en la corrupción, la mentira y la manipulación.

El PRM y aliados con el presidente actual constituyeron el caudal de agua frente a una caldera en una ebullición desequilibrada. La frescura fue como 4 vasos de agua a un hombre en un desierto perdido que no sabe el tiempo que tiene y ya desconoce la diferenciación de los días y las noches. ¡Una sopa suave y liviana! Es la comprensión que deben asumir los actores políticos claves de este cuatrienio.

La sociedad no quiere ver acciones y decisiones cual si fueran postalitas repetidas. No queremos que esa crisis de representación congresionales sea que se imponga. No queremos políticos con la caracterización que adornan a Botello y a Pacheco. ¡Es más de lo mismo con otros trajes! De lo que se trata es que lo institucional prevalezca, se sobredimensione a lo personal, particular. El juego de intereses no debe prosperar e imponerse sobre los intereses de la sociedad, del país, de la nación. Es el juego donde en primera y última instancia ganemos todo. Sin dilema, allí donde lo personal y particular se imponen, expresa una ausencia de legitimidad y su corolario más axiomático. El camino de los atajos que conducen a la pérdida social-ética y moral.

Otros estilos, otros cambios se ameritan en el andamiaje político-institucional-social y económico. El toque de guitarra y violín no pueden cambiar dependiendo en que esfera se esté, quedó triturado por el espejo fiel de la ciudadanía. La sociedad busca hacer suya lo que la elite política diseñó y aprobó en la Ley 1-12: Estrategia Nacional de Desarrollo, que en su Primer Eje estableció “Un Estado social y democrático de derecho, con instituciones que actúan con ética, transparencia y eficacia al servicio de una sociedad responsable y participativa, que garantiza la seguridad y promueve la equidad, la gobernabilidad, la convivencia pacífica y el desarrollo nacional local”. Con cuatro objetivos:

Administración pública eficiente, transparente y orientada a resultados.

Imperio de la ley y seguridad ciudadana.

Democracia participativa y ciudadanía responsable.

Seguridad y convivencia pacífica.

Se necesita que los actores políticos acusen una metamorfosis profunda en su dermis, epidermis y en la configuración de una nueva programación neurológica de sus cerebros. ¡Promesas son promesas que han de derivar en compromisos y cambios ciertos! Es objetable la conducta y el proceder de muchos actores en el poder como es singularmente fuera de toda razón ni siquiera por estrategia de marketing que el Presidente no ejerza su liderazgo en el Congreso en favor de las tres causales. Asumirlo así no es más que caminar sobre la misma piedra, la misma agua empantanada del circuito de la tradición y el conservadurismo atroz.

Actuar así es conformar una política de Perder – Perder tanto a corto plazo como a mediano plazo. Se enajena a los sectores sociales más proactivos y en la mesa del triunfo de los dogmáticos y fundamentalista no entrará. Simplemente está ocupada y no nos hace avanzar, yugulado al mismo tiempo la exclusión y el seguimiento de un porcentaje muy alto de la mortalidad materna. Las expectativas de la recuperación de la confianza están ahí: la sociedad en medio del llanto, calado en el ahogamiento, subió a la superficie. El respiro ha ayudado tanto que hasta los desplazados del poder sienten la diferencia. Ahora, el campo del ritmo del merengue puede bajar su intensidad si no se empuja, sin titubeos, asumir la decencia, la templanza y el decoro en cada área del quehacer social-económico e institucional.

Es una manera de evitar lo que nos ha ocurrido en los últimos 50 años: un crecimiento de la economía a una tasa de 5.5% del PIB, sin embargo, en términos lapidarios el BID nos esboza en la página 107 de Desigualdad y Descontento social, en Determinantes de la desigualdad en nuestro país nos dice “Persisten profundas inequidades que impiden el acceso de los más pobres a los bienes y servicios fundamentales para la movilidad social. La educación presenta sustanciales brechas de ingreso en el nivel inicial, la diferencia entre la matrícula bruta de la población no pobre y la indigente es 72% en el nivel medio, la diferencia alcanza 47%. Los jóvenes de 15 a 19 años que pertenecen al quintil de mayores ingresos tienen 24% mayor probabilidad de haber terminado la primaria, aquellos entre 20 y 24 años que pertenecen al quintil más rico, la probabilidad de haber terminado el nivel medio es 87% superior a la de sus pares del quintil más pobre… En otros servicios, el panorama es similar todavía un 9.2% de los hogares del quintil más pobre carece de conexión al tendido eléctrico público. A nivel nacional solo 54% de los hogares recibe agua de la red pública dentro de la vivienda para uso doméstico; en las zonas rurales este porcentaje desciende a 32% y entre los hogares de ingreso muy bajo a 10%, en contraste con 82% para el quintil más rico. Solo 29% de los hogares más pobres y 63% de los del quintil dos tienen acceso a inodoro privado, mientras que entre los más ricos este es universal…El nivel del gasto público social ha sido históricamente bajo: 7.6% del PIB. En cambio, el promedio América Latina y el Caribe: 10.9 del PIB”.

El reforzamiento hacia una recuperación de la confianza y el desarrollo es que las expectativas se fortalezcan y la percepción negativa no se desborde. Para ello, el establishment ha de moverse teniendo como centro desnudar todas las castas que nos tienen como nación, viviendo una gran mayoría como si estuviésemos en los primeros 60 años del Siglo XX

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