Cuidado con el caso de Faña

Danilo Cruz Pichardo
danilocruzpichardo@gmail.com

Cuidado con el caso de Faña

La gran mayoría de los dominicanos, indistintamente de género, hemos
sido formados bajo valores machistas que son ancestrales, aunque esa
cultura jamás será obstáculo no solo para reconocer y respetar el numeral
4, Art. 39, de la Constitución de la República, sino para promoverlo y
velar por su fiel cumplimiento.
Es cuestión de justicia. “La justicia es reina y señora de todas las
virtudes”, dijo Cicerón.
La introducción viene a propósito del caso del ingeniero agrónomo
Leonardo Faña, director en licencia del Instituto Agrario Dominicano,
quien es objeto de acusación de “abuso sexual” por la gerente financiera
de esa entidad, licenciada María Isabel Flores Encarnación. El caso se
conocerá en la Unidad de Violencia de Género de la Fiscalía Nacional.
Al señor Faña, destacado dirigente del antiguo PRD y ahora del PRM, lo
conozco de vista y a través de los medios de comunicación social. Nunca
he hablado con él, ni siquiera hemos intercambiado un saludo. A la
señorita María Isabel, a quien le atribuyen vínculos con el PLD, ahora es
que la escucho mencionar. Es decir, se trata de dos personas con las
cuales no hay motivo para la inclinación hacia un lado u otro.
Ese caso –excepto lo que he visto en los medios— no lo conozco. Para
construir un juicio de valor en torno al mismo es necesario obtener
respuestas a las siguientes preguntas: ¿María Isabel sabe lo que es una
cabaña y a qué se acude a la misma? ¿Entró a la cabaña? ¿Tuvo sexo con
el señor Faña? ¿La relación fue espontánea y placentera? ¿Fue violada
sexualmente? ¿Hay rastros de violencia verbal o física?
Con la trayectoria pública del señor Faña me resisto a creer que se trata
de un violador, capaz de usar agresión verbal o física hacia una dama.
Mientras tanto la imagen pública del funcionario, del profesional, del
dirigente político, del padre, del abuelo, está dañada. ¿Cómo reponer el
daño?
Ojalá y el juez o jueza que conozca este caso actúe de forma
profesional, como un verdadero árbitro, basado en pruebas y en apego
total a las leyes.
Lo digo porque en las redes sociales se viene especulando sobre la
posibilidad de una trama política o, en su defecto, una “vaina que le
quieren echar al señor Faña desde la comunidad LGTB”, agrupación en la
que están las lesbianas, muchas de las cuales han mostrado un odio

patológico a los varones, pese a que no deben olvidar nunca que fueron
engendradas por hombres.
Las lesbianas se infiltran y se esconden en las sombrillas de todos los
movimientos reivindicativos de las mujeres, pero con el único propósito
de conquistas amorosas, en ocasiones abusando sexualmente de infelices
damas indefensas.
Son resentidas sociales, producto, en algunos casos, de episodios
sicológicos que las marcaron, pero logran articular un discurso persuasivo,
que confunde, en su misión de dividir a la sociedad.
Sin embargo, la hipótesis de mayor aprobación es la del origen político,
dada la simpatía y los vínculos de María Isabel. Esa posibilidad es una
lección que enseña que con los enemigos no se gobierna. Es una pena que
a cinco meses de gobierno del PRM el grueso de los servidores públicos
sean dirigentes del PLD.
Y los propios organismos de seguridad del Estado están lleno de
peledeístas, empezando por el DNI. Esos miembros del DNI conocen todas
las debilidades de los dirigentes del PRM y demás miembros de
organizaciones que ayer fueron oposición, porque les tenían sus celulares
y cuentas de redes sociales intervenidas. Violaban alegremente la
privacidad de la gente.
Hay que dar seguimiento al caso del ingeniero Leonardo Faña, no solo
porque aparentemente tiene motivaciones políticas que ameritan ser
denunciadas, sino porque puede exponerse a la contaminación por asunto
de género, donde la influencia de movimientos feministas, algunos de
ellos dirigidos por lesbianas, pueden provocar una injusticia.
Sería un funesto precedente.
“Permitir una injusticia es abrir el camino a todas las que siguen”, dijo
Willy Brandt.

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