Civilización Digital, disrupción y gobernanza global

 Por Cándido Mercedes

 “El principal motivo que justifica la búsqueda de una gobernanza global fuerte no es que la humanidad pueda alcanzar el paraíso, sino salvarla del infierno”. (Thomas Weiss).

El mundo está instalando frente a una nueva Era. La Era de la Civilización Digital. Es una nueva era que al mismo tiempo significa un nuevo paradigma. Un universo, un diseño totalmente distinto. Construido en los últimos 40 años, empero, lo que a la Revolución Agrícola y a la Era Industrial le significaron cientos y miles de años para ramificarse por el globo terráqueo, a esta, con una velocidad inconmensurable, le ha bastado menos de la mitad de un siglo.

La Civilización Digital expresa y condensa, al mismo tiempo, una nueva cosmovisión que en el campo de la posmodernidad refleja una Era en ocaso (la Industrial) y una que emerge. La Era de la Civilización Digital trae consigo por sus dimensiones y el tiempo, el campo de las incertidumbres. ¡Nunca antes los cambios se habían producido con una vastedad tan asombrosa. Allí donde cambio de época y época de cambio se entrecruzan!

La Civilización Digital se produce, además, en medio de un desorden mundial. Todo el Siglo XIX y hasta el 1918, España, Francia e Inglaterra dominaron cuasi el 80% del territorio mundial. A partir de la segunda década del siglo pasado (XX) y después de la Primea Guerra Mundial, Estados Unidos, eclosionaría como la primera potencia mundial y ya para los años 1960 representaba su economía el 60% del PIB mundial.

Para los años 20 del Siglo XX nos encontrábamos con dos potencias mundiales, sobre todo en el campo militar: la Unión Soviética y Estados Unidos. Se configuró el orden mundial bipolar. Con la caída del Muro de Berlín en Alemania Oriental en el 1989, y de la otrora todopoderosa Unión Soviética con la antesala de la Glasnost y la Perestroika, se reconfiguraría un mundo totalmente incierto. Es lo que Francis Fukuyama llamaría el Fin de la Historia, donde el liberalismo y la democracia se impondrían a todo el globo terráqueo.

Hablaríamos del multilateralismo y del despliegue y emergencia de nuevos actores en el orden mundial. El campo geoestratégico que se había desconfigurado a partir de los 90, del siglo pasado no encontró eco en los órganos de regulación a escala mundial. Ni siquiera cambios en sus estructuras para darle mayor rigor y validez a esos cambios que se estaban expresando en el orden económico mundial.

Estados Unidos sigue siendo la potencia militar más grande del mundo. Todavía tiene distribuida por el mundo más de 700 bases militares y el gasto militar anual es más grande que los 10 países más poderosos restantes. Sin embargo, hoy su PIB representa entre el 10 y 15% de toda la economía mundial. El Continente Asiático, con China a la cabeza, llama a un nuevo orden mundial. Estados Unidos en el plano mundial poblacional representa solo el 5%, en tanto China y la India ocupan el 33% de la población mundial y sus economías rondan el 28 -32 % del PIB mundial.

Es en ese marco mundial donde la Civilización Digital tiende a establecerse como un proceso largo de desarrollo material, de acumulación y condensación de todo lo fraguado por la humanidad. Ronald Reagan y Margaret Thatcher simbolizarían conjuntamente con Milton Freeman y los Chicagos boys, la irrupción de la Globalización. El Neoliberalismo más descarnado en el plano económico. La “ley” del mercado constituiría el paroxismo para todo el ordenamiento social. Allí donde el Estado debería ser un simple instrumento de regulación, para nada de neutralizador de las desigualdades y eje medular de la justicia y la equidad social. Sencillamente, la Globalización trajo consigo una verdadera disrupción en todos los campos de la vida social y formas de organización social sin tener en cuenta, como fuente motriz, la vida humana.

La concentración de la riqueza nunca antes había estado no tan solo tan desigual, sino tan orquestada en el epicentro de la cima: el 1% de la población mundial, esto es, 7,800 personas tienen el 99% de toda la riqueza mundial. La Civilización Digital ha de configurar un nuevo orden mundial, ha de comportar nuevas formas de relacionamiento, nuevos órganos mundiales de regulación y control de los países. De ahí esta enorme crisis que nos abate como humanidad. La pandemia ha venido a visibilizar y desvelar este desconcierto, este desorden mundial, esta crisis civilizatoria de liderazgo mundial, una disrupción, una ruptura de Era, una en el ocaso y otra que emerge. Las estructuras creadas para la Era Industrial están ahí chocando con la nueva Era. La Civilización Digital trae consigo en el plano material: Inteligencia artificial, la Robótica, la Nanotecnología, la Infotecnología, El Big Data, la Cibernética. la Ingeniería genética, la Impresión 3- D, el Internet de las cosas, la Realidad virtual.

En el plano social, filosófico, vienen las disrupciones, las rupturas, añicos a pedazos, formas de pensar y actuar. Fundamentalismo y religiones desestructuradas al comprobar como los seres humanos serán diseñados inteligentemente, que duran cientos de años como promedio de vida y como la Robótica y la Cibernética configurarán nuevas formas de trabajo, de productividad y con ellos nuevas formas de organización social y laboral. El desempleo tecnológico ya es una realidad y surgirán nuevos trabajos en la administración del ocio. ¡Las megatendencias son asombrosas! La Revolución Industrial: 1) Mecánica; 2) Eléctrica; 3) Computacional; 4) La Cibernética. Constituye esta última, en el plano dialéctico, en el salto cualitativo, la Civilización Digital como dinámica social de una nueva Era.

Como castillo de naipes, como fichas de dominós en líneas que se caen y estropean al mismo tiempo, se desdibujarán visiones e ideologías. La lucha no será fácil porque lo ideológico y no enteramente lo racional constituirán el norte desbocado. Asimilación de los LGBT, el feminismo, la tolerancia, la diversidad, toda la problemática de las etnias, de las razas, las migraciones, la xenofobia, la homofobia, la misoginia, la aporofobia tendrán un sentimiento y unas emociones diferentes en el campo filosófico, antropológico y sociológico.

Los Putin, los Bolsonaro, los Trump, los Erdogan, los Ortega, los Maduro son, en el campo político, las secuelas de la anidación de un mundo en declive, de una era en el ocaso, de las burbujas de un tiempo que se resiste a desaparecer. La crisis manifestada en el ultranacionalismo, el populismo sin ideología, de derecha y de izquierda, son el consomé en que nos encontramos. Estamos frente a un cataclismo de cosmovisión, de comprensión y asimilación. El resultado no es otro, para muchos, que la perplejidad. La incertidumbre que se instala. Una nueva Era civilizatoria que acusa nuevas miradas, nuevas formas de trabajar, más introspección y más espacio hacia lo colectivo, lo social y la solidaridad.

La Era de la Civilización Digital entraña en sí misma un mayor vuelco hacia la horizontalidad, la transparencia y la igualdad. Se requieren mejores acuerdos institucionales mundiales para que actores políticos con afasia intelectual no trastoquen, no desfiguren, lo que inexorablemente nos traerá la Era de la Civilización Digital. Una nueva arquitectura global ha de crearse más allá de la que ahora tenemos en el plano internacional.

El sistema internacional, basado en el Estado y en su protagonismo de Estado-Nación, con su competencia, se eclipsó, se fosilizaron sus energías y ya no expresan todos los intereses globales de los distintos actores sociales y políticos. Riesgos, desafíos, desigualdades que rebasan, traspasan las fronteras nacionales derivan en la necesidad de una disrupción donde emerja una gobernanza global distinta. ¡La asunción de la Civilización Digital con su nueva Era será la respuesta a esta crisis que nos abate, nos ahoga y nos retrotrae a tiempos superados!

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