LAS ELECCIONES NORTEAMERICANAS EN TIEMPO DE PANDEMIA ¿POR QUIEN DOBLAN LAS CAMPANAS?


Willians De Jesús Salvador

Indiscutiblemente que la era marcada por el liderazgo del presidente Donald Trump, ha producido una fragmentación de la sociedad norteamericana y en particular del Partido Republicano,  que solo tiene como precedente en la historia  política estadounidense el cataclismo  que se produjo en el año 1854, cuando el Partido Whig de los Estados Unidos se desintegró dando paso el 20 de marzo de ese mismo año a la fundación del Partido Republicano en el Estado de Wisconsin. Se construyó con militantes y simpatizantes del Partido Demócrata, el Partido del Suelo Libre, independientes y lógicamente el Partido Whig.

Hay que recordar las elecciones presidenciales de 1860 del Partido Republicano y de su candidato Abraham Lincoln. La victoria de Lincoln fue facilitada por la división del Partido Demócrata. La lucha por la candidatura presidencial llevó a los demócratas a una crisis interna y a la destrucción de ese partido. Esa es la consecuencia inevitable de la división de los partidos políticos en medio de un proceso electoral.

Los principales líderes del Grand Old Party, «El Gran Partido Viejo» se han segregado de la campaña electoral y otros de manera pública han retirado su apoyo al excéntrico magnate neoyorquino, es importante destacar que el liderazgo de Trump, emerge hace 4 años al  vencer en las primarias  a todo el liderazgo republicano, que significó una ruptura de la cúpula partidista con las bases de ese partido.

Podemos asegurar qué hay desacuerdos fundamentales entre republicanos y demócratas, que pueden derivar en una crisis post electoral en los Estados Unidos de América,  ya que el presidente Donald Trump ha denunciado que se está preparando un fraude electoral a través del mecanismo del voto por correo, hay que recordar qué hay precedentes de 6 procesos electorales en  EE.UU que han sido impugnados y de uno de ellos derivó una guerra civil. 

En los anales de las elecciones norteamericanas se registra que en las elecciones del año  1800, entre Thomas Jefferson y Aaron Burr hubo un empate, ambos recibieron el mismo número de votos del Colegio Electoral. Debido a que ningún candidato obtuvo mayoría del voto electoral, la Cámara de Representantes se guió por la Constitución y convocó una sesión especial para resolver el empate por votación. Tuvieron que realizar 36 encuestas para otorgarle a Jefferson la victoria, las partes aceptaron los resultados porque esa era la regla de juego.

Casi un cuarto de siglo más tarde se presenta otro impasse, las elecciones del año 1824, Andrew Jackson se alzó con la mayoría del voto  popular contra John Quincy Adams y otros dos candidatos, pero no obtuvo la mayoría necesaria del Colegio Electoral, por lo que la Cámara Baja aplicando un procedimiento contemplado en la Constitución, seleccionó a Adams como ganador sobre Jackson. No hubo pataleo, la democracia funcionaba como una religión, todos aceptaban sus credos. 

En el año 1876 las elecciones presidenciales entre Rutherford B. Hayes y Samuel Tilden fueron  impugnadas,  las razones fueron que algunos de los estados del Sur no pudieron certificar con exactitud el  ganador. Se pusieron de acuerdo los dos partidos y eligieron una comisión electoral establecida por el Congreso y resolvió el dilema  a través de negociaciones alzándose con la presidencia Hayes. Producto de los acuerdos se le hicieron concesiones a los estados del Sur que efectivamente pusieron fin al período de Reconstrucción.

El fantasma del fraude electoral asomó su rostro en las elecciones del año 1960,  entre el demócrata John F. Kennedy y el republicano Richard Nixon. Las  denuncias de fraude por los  simpatizantes de Nixo, crearon una situación muy tensa reclamando que varios  estados hicieran recuentos. Richard Nixon aceptó la decisión para evitar que un conflicto interno que sirviera de distracción ante la situación internacional  de la Guerra Fría entre EE.UU. y la Unión Soviética.

El último affaire fue en el año  2000, George W. Bush del Partido Republicano y Al Gore candidato del Partido Demócrata , la Florida fue el epicentro de la  disputada, que La Suprema Corte resolvió dando la victoria a Busch y Gore aceptó la derrota, pero dejó bien establecido su desacuerdo en su disertación: «Mientras estoy firmemente en desacuerdo con la decisión de la Corte, la acepto».

El Plan de Gobierno de Trump responde en esencia a la  ortodoxia de los fundadores del Partido Republicano, citó: » …También estaban de acuerdo en impulsar una política económica basada en dos aspectos fundamentales: una política comercial proteccionista, que disminuyera o impidiera las importaciones por medio de aranceles altos, para proteger la industria nacional de la competencia extranjera; y una política de «mejoras federales», por la cual el Gobierno Federal (Nacional) debía invertir mucho más dinero en obras públicas o de infraestructura (puentes, caminos, etc.) para estimular la economía.» Ademas de una intransigente política anti inmigrante, por entender que es un fardo muy pesado para la economía norteamericana el número de residentes ilegales. Esos son los tres ejes principales del plan de gobierno de Donald Trump. 

Los ataques más viscerales que ha recibido Trump, es por la  ejecución de  la política anti-inmigrantes, esto no es nada nuevo en la política norteamericana, debemos recordar que según Norberto Barreto Velázquez e su libro «BREVE HISTORIA DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS EN LOS ESTADOS UNIDOS»: «En la década de 1840 surgió un partido anti-inmigrante conocido como el Partido Americano, también conocido como el Partido Know Nothing. El origen de este nombre está en el hecho de cuando alguien les preguntaba algo a alguno sus miembros, éste respondía que no sabían nada (“know nothing”) y de ahí les quedo el calificativo. El nuevo partido contaba con el apoyo de pequeños granjeros, hombres de negocios modestos y gente trabajadora. Los “Know Nothings” poseían una rara combinación entre un fuerte nacionalismo anti-inmigrante conocido como “nativism” y anti-esclavismo, pues se oponían abiertamente a la inmigración de irlandeses y alemanes católicos (como también de los chinos) y su segmento norteño rechazaba la esclavitud.

Es importante destacar que el Sistema de Partidos de los EE.UU ha tenido altas y bajas históricas,  muchas veces han sido de graves consecuencias políticas, y observando el panorama electoral pienso qué se está generando una crisis de dimensiones insospechadas para la democracia del país más poderoso del globo terráqueo.

Se han abierto muchas interrogantes, algunas preocupantes como por ejemplo la denuncia de las posibilidades de un «fraude electoral en gran escala», este cuestionamiento  la limpieza de las elecciones en la nación considerada como el templo de la democracia representativa y donde cometer un fraude es una transgresión de los principios fundamentales de la sociedad norteamericana. El candidato Republicano no ha expresado si aceptará una derrota electoral, aún a sabiendas que todas las encuestas lo colocan en franca desventaja. 

Ha sido despiadados los ataques contra Joe Bien a quien acusó en el último debate de recibir sobornos mientras se desempeñaba como vicepresidente,  y ademas de ser un hombre sin las energías necesarias para gobernar a los Estados Unidos. 

Donald Trump tiene que luchar contra todos, demócratas, parte de lo republicanos y contra el poder mediático y Wall Street y los grandes capitales internacionales, el establishment y por supuesto las minorías raciales e inmigrantes hispanos, musulmanes y asiáticos, ese conjunto de contrarios no es posible de vencer, porque no creo que el voto anti-sistema sea tan enorme, las encuestas todas dan a Joe Biden con un margen entre 6 y 10 puntos. Vaticinamos que la  gobernabilidad será muy difícil, salvo que los demócratas barran a todos los niveles al Partido Republicano,

Donald Trump es un  político rudo, y parece que no se deja conducir por sus asesores, actúa como un ciudadano ordinario espontáneo,  y aún siendo una estrella del mundo de la TV, parece actuar por sus instintos de espaldas al marketing político, a las encuestas y a las reacciones que producen sus ásperos planteamientos sobre temáticas sensibles que generan más rechazos que adhesiones, y su manejo sobre la pandemia por coronavirus es una espada de Damocles, por la insatisfacción generada por su manejo y los enfrentamientos con la comunidad científica, su descalificación al Dr. Anthony Stephen Fauci, que es un médico especializado en inmunología, experto en reumatología y uno de los lideres de la lucha contra VIH\Sida, quien es director del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades infecciosas desde 1984. 

Donald Trump carece de un discurso político persuasivo que es  el vehículo para consensuar las ideas y propuestas,  la política es el arte de hacer posible lo que parece inverosímil. 

Ahora bien, todas las encuestas favorecen a Joe Biden, aunque quedan sobre el ambiente algunas interrogantes, que los estudios de mercado no han valorado, ya el voto anticipado ha sido masivo, la pandemia hará que los sectores más vulnerables voten, aunque la experiencia de las elecciones de República Dominicana y de Bolivia,  es que el problema sanitario no ha sido óbice para que la gente asista a ejercer su derecho al voto.

La realidad es que gane quien gane las próximas elecciones de Estados Unidos los dos partidos tienen que abocarse a renovarse y crear nuevas ilusiones políticas a la presente generación de ciudadanos norteamericanos, porque este proceso está dejando la sensación que el sistema de partidos ha hecho implosión, donde las alternativas electorales son dos hombres septuagenarios, cuando la ola global es la renovación de los liderazgos políticos. 

El liderazgo de la contraparte global de Estados Unidos, se perciben con gran fortaleza como es el caso de China y la Federación Rusa, mientras que los aliados de EE.UU la Unión Europea y Gran Bretaña parecen disminuir el impulso de la marcha que observaron en el último cuarto de siglo. 

No tengo la menor duda que demócratas y republicanos pasadas las elecciones se unirán a nivel del Congreso y ayudarán a la gobernabilidad porque la nación está por encima de sus actores políticos y la crisis sanitaria demanda de los lideres estadounidenses “la madurez de los tiempos”.

El autor es médico y diplomático, analista político internacional, ex embajador dominicano en la República Federal de Alemania, República Checa y República de Polonia, concurrente con la Federación Rusa

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