UN AÑO MUY MALO

Por JUAN T H

Han habido años muy malos en la historia de la humanidad, algunos en los que ha
estado en juego la propia existencia del planeta, años en que la raza humana ha estado
en peligro de extinción, años en que las guerras han devastado ciudades y pueblos con
un costo enorme en vidas y propiedades materiales, años inolvidables, sin dudas. Este
2020 estará entre los años más duros y difíciles en lo que va de este siglo, sin dudas.
Las amenazas contra el planeta, por razones naturales, nunca han cesado ni lo harán
hasta que un día, por un diluvio, un meteoro, una erupción volcánica o cualquier otra,
nuestro modo de vida termine dándole paso a otra forma. No lo sé con certeza, solo sé
que el ciclo dialectico de las cosas dice que todo lo que nace muere, incluso los astros.
Y como si fuera poco, el hombre es enemigo del hombre, el hombre es un depredador
que va matando su entorno reduciendo la vida. La explotación del hombre por el
hombre mismo es la principal pandemia del mundo.
Este 2020 ha debido llevarnos a la reflexión porque la vida ha cambiado fruto del
coronavirus que aún persiste en todo el mundo, menos en la Antártida, el cuarto
continente del planeta, desierto, frío, ventoso, donde apenas residen mil personas, o
menos.
El Covid-19 no sólo ha matado a cientos de miles de personas y enfermado a millones,
sino que ha disminuido la calidad de vida, matando, enfermando, frenando las
economías y el progreso individual y colectivo de los pueblos. La vida le ha cambiado a
la humanidad, pero la humanidad parece no darse cuenta, porfiadamente sigue
actuando incorrectamente apegada a intereses políticos y económicos de grupos y de
países, no en el planeta, el país grande de todos.
La calidad de vida de la población mundial se ve afectada en materia laboral, vivienda,
salud, seguridad, alimentación, etc. Más de dos mil 700 millones de personas están sin
empleos o a punto de perderlos. La economía se ha desplomado. Estados Unidos, la
potencia económica y militar más poderosa ha sido de los más afectados, al igual que
España, Italia, Inglaterra, Brasil, entre muchos otros, en gran medida por la
inconsistencia, por la insensatez de los mandatarios. (Suelo decir que el mundo está
dirigido por estúpidos, incapaces de ver más allá de sus narices)
La República Dominicana, ha sido impactada fuertemente –más que muchos otros del
área- por el tratamiento politiquero de las autoridades anteriores le dieron para
sacarle provecho electoral permitiendo que mucha gente muriera o se contagiara, lo
cual, lejos de beneficiarlos, los perjudicó, tanto, que perdieron ampliamente los
comicios.
La situación de pobreza es peor hoy, que hace apenas un año, incrementándose la
falta de trabajo, salud, educación, seguridad y producción agroindustrial. A pesar de la
crisis, la concentración de la riqueza en pocas manos se acentúa. Los muy ricos son

cada vez menos, y los muy pobres, más. Siempre es así. Los pobres son los que más
sufren.
El turismo, que tantas divisas le aporta al fisco, colapso aumentando el desempleo, el
hambre, el desamparo y la inseguridad. Por suerte, las remesas lejos de bajar
aumentaron. La solidaridad de los dominicanos se incrementó, evitando males peores.
Alrededor del 60% del empleo en nuestro país es informal, es decir, gente que vive del
día a día. El presidente Luís Abinader encontró un país devastado por la crisis sanitaria,
económica, ética y moral. Un país en ruinas. Levantarlo como el ave Fénix será difícil.
Pero lo está intentando tomando medidas –algunas impopulares- pero necesarias. Los
peledeístas se robaron el país. Deberían estar presos con las siglas incluidas.
Mientras pasan los días –y no llega la vacuna- la gente sigue muriendo y contagiándose
indeteniblemente a pesar del esfuerzo extraordinario del gobierno, con recursos muy
limitados para afrontar la crisis, tanto económica como sanitaria.
He visto irse a mucha gente, algunas muy queridas, destrozándome el corazón, con la
desgracia de no poder acudir a velatorios ni al cementerios para darles el último adiós
y un abrazo infinito a sus familiares. Estas navidades prometen ser las más triste que
haya visto en muchos años.

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