¡Comunicación! ¿Y es fácil?

Por Néstor Estévez.
Parece muy simple. Cualquiera con acceso a internet y un equipo sencillo hace
saber y hasta puede lograr más impacto, informado o desinformando, que
cualquier gran cadena internacional. Vivimos esa etapa de “todos comunicando
para todos”.
Ha dicho Michael Crichton: «La gran paradoja de la era de la información es que
ha concedido nueva respetabilidad a la opinión desinformada».
Lo real es que existen muchas confusiones y gran desconocimiento sobre la
comunicación. Con todo y tratarse de lo que nos mantiene humanos, como dice
Garzón Céspedes, estamos viviendo una etapa en la que a cualquier cosa se le
llama comunicación. Como ahora contamos con “San Google”, a modo de disco
duro externo para la humanidad, mucha gente cree que aparentar es lo mismo que
ser.
La expresión “hacerlo bien y hacerlo saber” ha sido asumida desde hace mucho
tiempo como esencia de las Relaciones Públicas (RRPP), además de ser un
concepto clave para la comunicación en las organizaciones.
Pero todo ha evolucionado, todo sigue cambiando. En ese todo se incluye a la
República Dominicana, cuya población votante decidió, de manera mayoritaria,
cambiar de gobierno. Como es lógico entender, esa decisión fue tomada en
correspondencia con las expectativas existentes y generadas en ese
conglomerado. Por eso es también lógico entender que, aunque se conceda un
tiempo de espera, se quiera percibir el cambio.
Para eso, la comunicación es determinante. Si bien es cierto que ella no es
“curalotodo”, también es cierto que se trata de la única herramienta para provocar
entendimiento entre las personas. Cualquier otra vía podría darnos una impresión
parecida, pero no pasaría de ser subyugación, sometimiento, manipulación, entre
otros métodos parecidos.
Comunicar de verdad, gestionando la comunicación y logrando propósitos
sostenibles con ella, resulta bastante complejo en estos tiempos. Y para las
entidades gubernamentales resulta mucho más complejo aún. Pues con el
gobierno ocurre como con los recursos en administración: nunca son suficientes
para satisfacer las necesidades.
Ha llegado el tiempo para ampliar aquel viejo concepto. Está bueno “hacerlo bien y
hacerlo saber”, pero estará mucho mejor si asumimos “hacerlo bien y hacerlo
saber bien”.
Aunque mucha gente confunde comunicación política y comunicación
gubernamental, lo real es que la primera contiene a la segunda. La comunicación

política se ocupa de la producción y de la difusión de la información, normalmente
transmitida a través de medios de comunicación de masas, en un contexto
político. Mientras que la comunicación gubernamental hace referencia al ejercicio
que determina la agenda de gestión de instituciones.
En la campaña se promete, como forma de alimentar la esperanza. Para ello se
apela a las emociones, con mensajes bien orientados, además de breves y
efímeros. Pero desde el gobierno se trabaja la realidad de toda la población,
incluyendo a quienes votaron en contra y hasta a quienes no votaron.
Los gobernantes exitosos saben combinar dos cosas: adecuada gestión del día a
día y alimentar el entusiasmo de cara a un futuro deseado que debe ser construido
de manera constante. Para eso es imprescindible el consenso, mecanismo de alta
prioridad para la comunicación gubernamental.
Es muy difícil que no haya disenso, pero mientras mayor sea el consenso más se
garantiza la gobernabilidad. En una sociedad “hipercomunicada” se requiere hilar
bien fino para gestionar la construcción de ese consenso.
Es que ya pasó la etapa en que la gente solo escuchaba. Ahora las personas se
van tomando cada vez más en serio aquello de “prosumer”, como productoras y
consumidoras de mensajes. Ahora la ciudadanía exige una comunicación más
humana, constante y coherente con la realidad por parte de las instituciones que
son sostenidas por los impuestos que paga.
Finalmente, para lograr buenos resultados mediante esa comunicación con la
ciudadanía es imprescindible unificar el equipo. Eso tampoco se logra sin
comunicación. La comunicación interna es fundamental de cara a lograr propósitos
con los otros públicos con que cuenta una organización.
La comunicación, mal llevada, puede provocar situaciones de consecuencias
impredecibles. La comunicación, adecuadamente gestionada, se convierte en una
poderosa herramienta para que quienes gobiernan expliquen, justifiquen y, en
consecuencia, legitimen sus decisiones. Es gestionando adecuadamente la
comunicación como se logra el consenso que facilita el avance y permite cambios
sostenibles.

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