Control de delincuencia

Una de las luchas más difíciles que tienen los dominicanos por delante, es como reducir la delincuencia. Es un monstruo que cobra fuerzas a diario y el cual se torna en ocasiones imposible de controlar.

Una de las torpezas es buscar los correctivos únicamente por medios violentos o con el encerramiento, obviando las coordenadas sociales que en su factor primigenio es la punta de lanza de la delincuencia callejera.

Enfrentar este mal social conlleva políticas multisectoriales que van desde la educación, mejorar la situación económica de las barriadas, enfrentar los embarazos de las adolescentes,  mejor distribución de las riquezas y una política de pleno empleo.

Con este andamiaje en marcha, entonces se comienza con la acción policial deteniendo a los delincuentes y sometiéndolos a la justicia. En su función, los uniformados tienen que actuar con rectitud, y en ocasiones con puño de hierro.

Sin embargo, se tiene que instruir a los integrantes de la fuerza pública en torno  al componente social de la delincuencia, y sobre todo, que junto con el tiro, deben ejecutar una labor de prevención, sobre todo en las barriadas miserables.

Es de esos barrios sometidos a la miseria de donde salen los delincuentes y las pandillas de las calles. Si no hay una reingeniería sobre la exclusión social, la delincuencia no podrá ser cortada de un tajo.

Hay un punto en el cual los juristas no se ponen de acuerdo y es en torno al endurecimiento de las penas. Unos consideran que el crimen bajará  si hay condenas mayores, que superen los 30 años, o cadena perpetua.

Para otros no se trata de penas mayores, sino de que el régimen carcelario cumpla a cabalidad con sus obligaciones, y el tiempo del castigo sea un ente de regeneración, para que los reos puedan retornar a la sociedad al cumplir su pena.

Las dos posiciones pueden ser estudiadas a fondo, sin embargo, lo fundamental es que haya una justicia más justa, imparcial, objetiva, que trabaje con la acumulación de las pruebas y no por los prejuicios, con los ojos vendados y la balanza de la equidad en las manos.

La sociedad necesita cambios que sean trascendentales. La delincuencia no se puede ver como un ente apartado del devenir de nuestra historia. Tiene que ser enfrentada con medidas puntales inmediatas.

Esas acciones irían   desde modificación y modernización de la policía y la justica, hasta garantizar una existencia digna a los moradores  de los sectores marginales. Ay!, se me acabó la tinta

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