El maestro de hoy

El futuro colectivo descansa sobre el sacrificio, la vocación y la entrega de los maestros. El educador  es el forjador de las nuevas generaciones. No puede ser nunca un burócrata a la espera de un cheque mensual, sino un ente que ayuda a divulgar el conocimiento comenzando con los niños.

La tecnificación  ha elevado los conocimientos del maestro. Hasta hace unos años, los maestros se hacían sobre la marcha, sobre todo en la educación primaria. Hoy van a institutos especializados o universidades, y los certificados académicos son vitales para conseguir empleos.

Se da el caso de que en la escala inicial de la enseñanza, trabajando con niños  hasta de dos años, se necesita a las mayores calificaciones para que un maestro pueda conducir y enseñar, en medio de juegos y travesuras de los menores.

Pero en toda la escala de la escuela se necesita la vocación. El maestro abandona la tiza y la pizarra y se inscribe en la lista del simple burócrata, cuando su principal objetivo es conseguir un cheque mensual. Cierto, que no se vive de ilusiones, pero sí de vocación y entrega.

Usted puede ver que el cuatro por ciento para la educación no ha logrado transformar las escuelas. Por el contrario parece que se ha destinado para aumentar los salarios y construir nuevas plantas físicas. Eso es necesario, pero lo más importante se ha quedado congelado.

Hay que modificar el sistema educativo dominicano, y adecuarlo al siglo 21. Ya tiene que surgir la educación por internet,  hay que trabajar para acabar con el analfabetismo y el último año del bachillerato tiene que estar dedicado a una especialidad técnica.

Hay disciplinas donde usted se gradúa de bachiller, lo cual   no le sirve para nada, salvo poder ingresar a una universidad. En todo el perímetro educativo tiene que surgir el bachillerato técnico, donde el graduando se pueda dedicar de inmediato a trabajar o poner un taller, mientras va a la universidad.

Hay que tratar por todos los medios posibles que los maestros  se preparen, tengan mayores conocimientos, pero que no pierdan la vocación y el deseo de enseñar. Eso se ha perdido en el camino. Si el maestro deja de ser un forjador  y un orientador, no podrá conducir a las nuevas generaciones a puerto seguro. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

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