PARA QUE LO SEPAMOS (I)

Opinion
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1.-No, La República Dominicana no está - ni estaba- preparada para manejar los efectos de un huracán como Irma, si un fenómeno de esa naturaleza y fuerza, toca de lleno el territorio nacional. 



1.a.-Las autoridades tomaron algunas medidas acertadas, como el desagüe a tiempo de los embalses, la posposición de atención médicas en los hospitales, excepto en casos impostergables (habría que ver a cuánta gente se le postergó lo impostergable y las consecuencias de ello); el traslado parcial de los presos a lugares menos vulnerables, la generación de raciones extra de comidas, para casos críticos (seguro que abultaron los costos y se robaron las tres cuartas partes del presupuesto, por lo menos).
También la reubicación en refugios de personas en situaciones de riesgo crítico, aunque no en la cantidad necesaria, ni con los auxilios mínimos y el aglutinamiento y utilización de personal de las Fuerzas Armadas adiestrado para asistir a la población, en casos de catástrofes.
Sin embargo, si el huracán nos hubiera tocado de lleno, esas prevenciones habrían resultado insuficientes. De hecho, fueron insuficientes aun sin que nos afectara con mayor fuerza, a juzgar por la cantidad de gente que todavía está esperando unas colchoneticas en los refugios.
Una iniciativa poco recomendable es la de ponerse a darle hojas de zinc, clavos y otros artículos para construcciones a la gente con el huracán al doblar la esquina. Los componentes para construcciones en esas circunstancias improvisadas y precipitadas pueden ser contraproducentes y convertirse en armas y objetos peligrosos volando por el aire.
1.b Las autoridades se la pasaron en grande, baboseando ante las cámaras con la "sesión permanente". La puesta en escena no resultó tan lastimosa, porque el huracán, por fortuna, solo nos acarició de forma bastante ligera y amable.
2.-El país estará todo lo "preparado" que se puede estar para esta clase de fenómenos, cuando las autoridades tomen en serio los programas de prevención y manejo de riesgos y catástrofes, lo cual no ha ocurrido hasta el momento. 
Esos programas no consisten en operativos chapuceros de último minuto, cuando hay una amenaza inminente, sino en un trabajo costoso, constante, amplio, interinstitucional e interdisciplinario, que incluye educación para la población. 
Pero además de los programas específicos para el manejo de las crisis, se necesita algo mucho más complejo para que funcionen esos planes: planificación familiar, planificación urbana, descentralización de servicios, inversiones y gastos, para desincentivar el excesivo crecimiento caótico marginal en áreas de alto riesgo, rescate del sistema de salud pública, control de calidad de las infraestructuras, preservación de los recursos naturales, para evitar que las depredaciones arrasantes habituales, desmantelen el amortiguamiento de los bosques, agraven los efectos de los impactos y multipliquen las inundaciones.
Todo eso, aparte de salir a los escenarios internacionales a exigirle a las grandes potencias y a las multinacionales que no sigan destruyendo el planeta y procuren revertir el calentamiento global.
Solo entonces, podremos hablar de estar preparados, dentro de lo es posible estarlo. Hoy podemos respirar aliviados, porque momentáneamente nos salimos de abajo de una patana, aunque no podemos dejar de vernos en el los espejos de nuestros vecinos, porque aunque no lo sepamos, todos estamos en el mismo barco.

1.-No, La República Dominicana no está - ni estaba- preparada para manejar los efectos de un huracán como Irma, si un fenómeno de esa naturaleza y fuerza, toca de lleno el territorio nacional. 



1.a.-Las autoridades tomaron algunas medidas acertadas, como el desagüe a tiempo de los embalses, la posposición de atención médicas en los hospitales, excepto en casos impostergables (habría que ver a cuánta gente se le postergó lo impostergable y las consecuencias de ello); el traslado parcial de los presos a lugares menos vulnerables, la generación de raciones extra de comidas, para casos críticos (seguro que abultaron los costos y se robaron las tres cuartas partes del presupuesto, por lo menos).
También la reubicación en refugios de personas en situaciones de riesgo crítico, aunque no en la cantidad necesaria, ni con los auxilios mínimos y el aglutinamiento y utilización de personal de las Fuerzas Armadas adiestrado para asistir a la población, en casos de catástrofes.
Sin embargo, si el huracán nos hubiera tocado de lleno, esas prevenciones habrían resultado insuficientes. De hecho, fueron insuficientes aun sin que nos afectara con mayor fuerza, a juzgar por la cantidad de gente que todavía está esperando unas colchoneticas en los refugios.
Una iniciativa poco recomendable es la de ponerse a darle hojas de zinc, clavos y otros artículos para construcciones a la gente con el huracán al doblar la esquina. Los componentes para construcciones en esas circunstancias improvisadas y precipitadas pueden ser contraproducentes y convertirse en armas y objetos peligrosos volando por el aire.
1.b Las autoridades se la pasaron en grande, baboseando ante las cámaras con la "sesión permanente". La puesta en escena no resultó tan lastimosa, porque el huracán, por fortuna, solo nos acarició de forma bastante ligera y amable.
2.-El país estará todo lo "preparado" que se puede estar para esta clase de fenómenos, cuando las autoridades tomen en serio los programas de prevención y manejo de riesgos y catástrofes, lo cual no ha ocurrido hasta el momento. 
Esos programas no consisten en operativos chapuceros de último minuto, cuando hay una amenaza inminente, sino en un trabajo costoso, constante, amplio, interinstitucional e interdisciplinario, que incluye educación para la población. 
Pero además de los programas específicos para el manejo de las crisis, se necesita algo mucho más complejo para que funcionen esos planes: planificación familiar, planificación urbana, descentralización de servicios, inversiones y gastos, para desincentivar el excesivo crecimiento caótico marginal en áreas de alto riesgo, rescate del sistema de salud pública, control de calidad de las infraestructuras, preservación de los recursos naturales, para evitar que las depredaciones arrasantes habituales, desmantelen el amortiguamiento de los bosques, agraven los efectos de los impactos y multipliquen las inundaciones.
Todo eso, aparte de salir a los escenarios internacionales a exigirle a las grandes potencias y a las multinacionales que no sigan destruyendo el planeta y procuren revertir el calentamiento global.
Solo entonces, podremos hablar de estar preparados, dentro de lo es posible estarlo. Hoy podemos respirar aliviados, porque momentáneamente nos salimos de abajo de una patana, aunque no podemos dejar de vernos en el los espejos de nuestros vecinos, porque aunque no lo sepamos, todos estamos en el mismo barco.

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