SIGUE LA SANGRIA

Opinion
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El Listín Diario despliega ayer como principal titular de portada que la cantidad de víctimas fatales a consecuencia de los accidentes de tránsito durante el primer trimestre del año ascendieron a 397, mientras el de lesionados a 2 mil 625.  Son cifras que hay que tomar con reservas.  La razón es que por lo general, las autoridades reportan las muertes que se producen en el mismo momento del accidente, sin dar seguimiento a los heridos que fallecen posteriormente a causa de la gravedad de las lesiones recibidas.

La controversia sobre la cantidad real de personas fallecidas con motivo de los accidentes vehiculares y las cantidades reportadas por las autoridades, viene de mucho tiempo atrás.  De hecho, mantuvo en el pasado una frecuente polémica entre la Policía y el doctor Pedro Green, quien por muchos años fue Jefe del Departamento de Traumatología del hospital doctor Darío Contreras y llevaba un informe detallado de la cantidad de heridos en accidentes vehiculares que posteriormente morían en ese centro.  Como es lógico, las cifras que registraban ambos mostraban una diferencia significativa.

El reporte de las autoridades expresa que en el 62 por ciento de las ocurrencias  fatales figuraron los motores.  Es una cifra consistente con el promedio. Lo es también el hecho de que la mayoría de los motoristas, extremadamente jóvenes en su casi totalidad, aportan el mayor número de víctimas. Basta revisar los resultados registrados en los mini-feriados de Semana Santa, Navidad y Año Nuevo, donde casi dos terceras partes de los accidentes  y víctimas corresponden a motores y motoristas.  El uso de los cascos, si bien  aminora los efectos del impacto, dista de brindar una protección total  y en  todos los casos.

Lo realmente penoso es que mientras esto ocurre, seguimos violando las normas de tránsito: manejo temerario, exceso de velocidad, no respetar las señales de tránsito, hablar por celulares mientras se conduce, hacerlo sin la protección de los cinturones de seguridad, vehículos en pésimas condiciones mecánicas, gomas lisas, carencia de luces,  conducir en sentido contrario, entre otras muchas violaciones a la ley de tránsito lo que provoca que continúe la interminable sangría de víctimas fatales, en la mayoría de los casos jóvenes con toda una vida por delante.

Mientras tanto sigue aumentando el parque vehicular de motocicletas.  Según cifras oficiales, en un territorio de menos de cincuenta mil kilómetros cuadrados y que no llega a once millones de habitantes, hay circulando en estos momentos por sobre dos millones de motores, cuyo número se incrementó el pasado año en un 7.7 por ciento, mayor que el crecimiento de la economía, por lo que cabe pronosticar un mayor número de accidentes y de muertes.  Esto así, salvo que una vez en vigencia la nueva ley de tránsito, sea aplicada con el necesario rigor.  Pero sobre esto, tomando en cuenta los antecedentes de una sociedad con tan escasa proporción de consecuencias para los violadores de ley, cabe abrigar justificadas dudas.  

Ojalá estar equivocados.

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