LA ALTERNABILIDAD DEL PODER

Opinion
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¿Es la democracia en su origen una defensora del pueblo? ¿Por qué ésta entra en contradicción con sus principios? Porque de acuerdo a la alternabilidad es la posibilidad real de que los gobernantes cambian periódicamente mediante  mecanismos legales, pero la misma falsea los principios democráticos emanados de un pueblo y para el pueblo, los cuales los eligen por elecciones o demarcaciones.
Entonces de no respetarse este orden de la democracia podría ser que nuestros pueblos de América entrarían en un orden de descomposición política y socialmente, sino es respectada la alternabilidad como lo establece la democracia.
Entonces dichos pueblos de América caerían en una prerrogativa de negación de derecho, ya que, el principio de la alternabilidad preconizado por el derecho constitucional nacido de la revolución francesa, es una de esas abstracciones de la filosofía política que sólo se explican en teoría, pero que la realidad ha venido  desmintiendo desde que se creó el primer gobierno y se organizó la primera colectividad humana.  Los mismos próceres que votaron, la constitución de Filadelfia, obra incomparablemente más lógica que la del constituyente francés del 1789, no osaran incluir en ella el principio de la alternabilidad y el propio Washington a su pueblo, prestándose a ejercer el poder durante dos periodos consecutivos, que la política, a diferencia de la moral, no es el arte de perseguir lo justo, sino el de buscar lo conveniente.
Es por esto que en estos pueblos de América, la democracia no funciona porque la misma está cimentada en base falsa e irreales y por eso  hay tantos ejemplos en América de gobiernos que llegan al poder a través de un sistema democrático sin credibilidad, que niegan sus principios, ya que llegan al poder por un tiempo determinado y al través del principio de la alternabilidad se quedan en el poder como se ha dado el caso de: Venezuela; Perú; Bolivia; Ecuador; República Dominicana; Argentina y Nicaragua, entre otros.
Pero no sólo en América, sino en Europa y Medio Oriente, al igual que los sistemas monárquicos; como ha sucedido en los últimos días, de gobernantes reelegidos a través del plebiscito como el caso de Turquía.  Estos ejemplos bastarían para  quitar toda importancia al principio de la alternabilidad si no hubiera otras razones de orden práctico los unos, de carácter doctrinario los otros, que demuestran hasta la saciedad que ese precepto no sólo es contrario a las leyes mismas de la naturaleza humana. Para que ese ideal de la ciencia política adquiera vigencia verdadera, sería preciso que todos los hombres llamados a gobernar a un pueblo sean más o manos idénticos en sus aptitudes y que no existan entre ellos conductores dotados por la providencia de virtudes excepcionales.

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