Mujeres desplazadas en el ámbito laboral

Opinion
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El pasado 8 de este mes se celebró el Día Internacional de la Mujer y, como cada año, para la ocasión surgen diversos reportes de la participación de las mujeres en diferentes actividades, especialmente académicas y laborales.
Se destaca la presencia mayoritaria de mujeres que cursan carreras universitarias y que a la vez las convierten en mayoría a la hora de contar por género la cantidad de profesionales que están siendo formados por esas academias de altos estudios.
La mayor preparación de las mujeres ha permitido, incluso, que su salario promedio cotizable sea un poco mayor que el sueldo promedio de los hombres entre trabajadores con edades de 25 a 65 años. Al menos así lo indican las estadísticas oficiales de la Tesorería de la Seguridad Social (TSS).
Pero esos mismos informes estadísticos dan cuenta de que si bien los salarios de las mujeres ya están superando los de los hombres, su nivel de inserción laboral es menor. Los hombres siguen siendo mayoría en el mercado laboral formal y esa tendencia va en aumento.
Un ejemplo de ello es el hecho de que al cierre del año 2015 la TSS registraba la cantidad de 1 millón 753,024 trabajadores formales, es decir, cotizantes a la seguridad social. De esa cantidad, el 44.6% de los puestos era ocupado por mujeres y el 55.4% por hombres.
En tanto que un año más tarde, a diciembre de 2016, la cantidad de trabajadores formales pasó a 1 millón 877,637 trabajadores, pero la participación de empleos femeninos bajó a 44.2% y la de los hombres subió a 55.8%.
Esto así porque durante el año 2016 completo las mujeres empleadas pasaron de 781,848 a 830,285 para un incremento de 6.2%; mientras que los hombres empleados subieron de 971,176 a 1,042,352, lo que arroja un crecimiento de 7.8%. El crecimiento de empleos para hombres fue mayor que el de puestos para mujeres.
Lo anterior indica que el año pasado siguió la tendencia de una mayor participación de los hombres en los puestos de trabajo, aunque sus niveles salarias en promedio cotizable son relativamente más bajos.
Una explicación a esa tendencia de desventaja para las mujeres en el ámbito laboral formal puede tener su explicación en el hecho de que los patronos o empleadores sienten que el costo laboral de las empleadas es mayor que el de los empleados (los varones no se embarazan, por lo que no se ausentan por tres meses, ahora tres meses y medio de licencia; además de que solicitan menos permisos para llevar sus hijos al médico o para cualquier otra situación del hogar que ocupa más a las mujeres que a los hombres).
También da la impresión de que las organizaciones que se identifican como defensoras de los derechos de las mujeres, empezando por el Ministerio de la Mujer, han perdido de vista tendencias muy notables en el ámbito laboral que afectan al género femenino.
Por ejemplo, hágase un recorrido por los locales de las grandes cadenas de supermercados del país y verá que las áreas de caja, que antes eran puestos casi exclusivos para mujeres, ahora están siendo ocupadas por trabajadores de género masculino.
Lo mismo ocurre en muchas sucursales bancarias y de otras empresas de servicios, donde muchas veces se observan más hombres que mujeres en áreas donde el género femenino era preferido.
Aunque en República Dominicana no existen normativas sobre la forma en que las empresas deben escoger a sus empleados en cuanto a género, las organizaciones de defensa de los derechos de las mujeres bien pueden advertir sobre esas tendencias y así enfocarse no solamente en una mayor inserción de las mujeres, sino en evitar que éstas sean desplazadas de los puestos en los que por tradición eran más preferidas que los hombres.
Esa es una forma de discriminación silente contra las mujeres en las empresas que aparentemente procuran reducir los costos laborales que éstas implican, especialmente cuando están en proceso de reproducción y requieren constantes licencias médicas para sus atenciones.
La defensa de los derechos de las mujeres no se puede limitar a realizar actos y ofrecer declaraciones una vez cada año. Debe ser constante.

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