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Thu, Jan

AMOR Y PEDAGOGÍA

Opinion
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En amor y pedagogía, nada menos es considerado por su primor; que nos toca aprender y vivir al través de sus estudios y la práctica constante del saber humano y del conocimiento para el desarrollo intelectual de nuestra realidad y sapiencia, que es la que nos dará el sentir de las cosas y sobre todo del conocimiento de todo ser humano que se desarrolla en sociedad.
En su obra ´´Amor y Pedagogía´´ -nada menos que todo un hombre; una de las figuras más sobresaliente de la literatura universal, como lo fue Don Miguel de Unamuno, nos deja entrever, que en cada hombre de letras hay por si ´´un Quijote´´.
Nos deja entrever uno de sus biógrafos, como Emilio Garcó Contell, que por su rectitud de juicio y de acción, sobre todo su clasicismo verbal, su pasión y amor al hombre y  generalmente, sobre todo a lo humano, Don Miguel de Unamuno, 1864-1936; fue como un hermano espiritual de Don Quijote. Desde luego, en sentido literalmente hablando-De Don Quijote y no de Cervantes-. Porque de acuerdo a Garcó Contell, el cual nos dice: Porque en Don Miguel de Unamuno, el autor es Unamuno; pero en realidad, el héroe lo es también Unamuno. Ya que el mismo fue un verdadero Don Quijote del pensamiento y de la acción; y no me digáis, pues lo apruebo, que en cierta medida todos los pensadores – y ´´sentidores´´, como decía Unamuno- son más o menos Quijote, que todos alientan una extremada pasión por su Dulcinea- trasunto de su amor a la verdad, a la justicia, al bien; trasunto de su amor a lo humano, a lo divino, o ambas cosas a la vez-; pero no todos los pensadores y ´´sentidores´´ se arriesgan al ininterrumpido batallar pro sus ideas, o por sus ideales, al sacrificio físico, a la zozobra permanente, a vivir sin descanso una existencia ´´agónica´´ en lo interior y en lo exterior de su ser… No todos se arriesgan a este heroico batallar, y a sus crueles consecuencias, como lo hizo siempre Don Miguel de Unamuno.
Nos dice Emilio Garcó Contell, que como es bien conocido –quien fue ´´el hombre Unamuno´´ y qué ejemplo de fidelidad a la propia conciencia- ya que, para Ortega Y Gasset, el hombre es circunstancia. En cambio, para Unamuno, el hombre es trascendencia: esquema simplificado al máximo de los conceptos que dominan en dos filosofías, si no antagónicas, si radicalmente diferentes del hombre y de lo humano.  
En Unamuno, ese sentido de la trascendencia y de la inmortalidad, domina pro entero su vida y su obra, del principio a fin. Todavía es un muchacho y, como nos lo hace observar Charles Moeller, ya obsesiona a Unamuno un profundo desasosiego religioso, ya de le desazonan los desniveles de una fe nacida en el ambiente de su niñez, toda ella inmersa en una especie de exaltado misticismo infantil. Y este misticismo infantil, cuyas luces profundas se debilitan o se intensifican a lo largo de toda la aventura intelectual y espiritual-de Don Miguel, es la gran pantalla sobre la que se proyectan sus ideas, el fondo trascendente que enmarca toda su existencia, la vibración perenne de su ´´existencialismo´´; nos dice el biógrafo Emilio Garcó Contell.

Enrique A. Sánchez L.