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Sun, Feb

EL ESPAÑOL EN SANTO DOMINGO

Opinion
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El español en santo domingo, me refiero en este a ´´El español en Santo Domingo  Un Trabajo Ejemplar de Pedro Henríquez Ureña´´.  Una obra que debe  ser estudiada y recordada acorde con los tiempos  y por la grandeza de su autor. Este trabajo de Pedro Henríquez Ureña es un modelo en su género que por muchas razones debería ser aplicado en su condición de modelo al análisis del español que se habla en cada uno de nuestros países, pues para decirlo con palabras del autor el cual dedica a explicar por qué escribió ese estudio magistral, ´´Si es necesario recoger los materiales de una lengua antes que muera…, no es menos necesario recoger el aspecto local, ya en peligro de  extinción, una gran lengua viva´´.

El autor de esas palabras era muy consciente de lo que decía porque los aspectos locales de todas las lenguas padecen de modificaciones constantes y el español dominicano se hallaba a pique de sufrir muchos cambios precisamente cuando Henríquez Ureña escribía su estudio; él mismo afirma que lo escribió en los años 1935 y 1936, y en la novena línea de la introducción (Tomo IX de sus Obras Completas, edición de la UNPHU, Santo Domingo, 1980) queda dicho que parte del material usado en ese trabajo estaba ´´francamente anticuado´´; que por otra parte –la mayor—no lo estaba, ´´pero de todo él puede asegurarse que va quedando arrinconado poco a poco en la marcha actual de la lengua´´, y efectivamente así sucedería a tal punto que hoy, del español dominicano apenas quedan restos de lo que era cuando Henríquez Ureña elaboró su estudio; y me atrevo a decir esto para que entiendan y quede bien claro que cuando señalo como un trabajo modelo El español en Santo Domingo y lo estimulo para que el mismo sea igualado en cada uno de los países de Nuestra América, para que la generación venideras de nuestros países tengan a su alcance una fotografía instantánea de lo que era la lengua de sus pueblos en un momento dado de su historia. Ya que, para mi es motivo de regocijo la lectura de El español en Santo Domingo, porque me lo provoca la forma meticulosa como su autor analizaba cada detalle de la evolución sufrida por las palabras que figuran en esa obra, lo que equivale a decir los cambios que iban operándose en ellas desde que fueron traídas por los conquistadores hasta el momento en que el maestro Henríquez Ureña las percibió y las anotó como sobrevivientes de una lengua que había padecido muchos cambios pero que había sido y seguía siendo ´´una gran lengua viva´´.

Considerados ya de que una forma tal y en consecuencia era notorio de que los cambios que él esperaba en el español de Santo Domingo iban a comenzar quince o veinte años más tarde de haber él terminado su estudio y serian efectos de acontecimientos de carácter nacional pero también de carácter externos que se reflejarían en la vida del país con una fuerza arrolladora cuyo poder de transformación iba a ser superior a todo lo conocido por los pobladores de lengua española salvo el que provoco cuatro siglos y medio antes la llegada de los portadores esa lengua.

Durante siglos, el español de Santo Domingo se habló a grandes rasgos en una forma en la parte sur del territorio y en otra forma en la parte norte, con variantes dialectales en ambos casos, pero la variante más notable era la que predominaba en la parte norte, la denominada con la voz indígena Cibao,  que hoy en día ocupan las provincias  de Santiago, Espaillat, La Vega, Duarte, María Trinidad Sánchez, Juan Sánchez Ramírez y Bonao. Esa es la región donde todavía en 1935 y 1936 más del 80 por ciento de la población, que era campesina, hablaba el español a que se refiere Pedro Henríquez Ureña en el tercer párrafo de la explicación de su obra diciendo: ´´Para quienes lean libros que reflejan las hablas campesinas de Santo Domingo, incluso el Diccionario de Criollismos de Brito, podrá parecer, a primera vista, ilusorio el cuadro que presento: aquellos libros dan la impresión –meramente visual- de que el idioma está muy alterado e impuro. Pero no hay tal: el motivo de la impresión es ortográfico. Si en el Diccionario de Brito, por ejemplo, se restaura la ´´d´´ suprimida en la terminación ´´-ado´´, y la ´´r´´ o la ´´I´´ vocalizadas en ´´i´´ )fenómeno que no es de todo el país), inmediatamente desaparece la mayor parte de la extrañeza del vocabulario: ´´abaidonao´´ no es más que ´´abandonado´´ (a través de ´´abaldonado´´), ´´aicojolao´´ no es más que ´´alcoholado´´.

La meticulosidad con que trabajaba Pedro Henríquez Ureña se advierte en el número de citas que hace en cuarenta páginas de su obra  (de la 31 a la 71 del mencionado tomo IX de sus Obras Completas).

Por cuanto a que en el capitulo IX del Español en Santo Domingo está dedicado al sistema fonético, y en él abundan las observaciones inteligentes, como la que aparece en la página 110, que empieza así: ´´La articulación de las consonantes halla su centro en la región denteoalveolar, tendiendo, en unos individuos, hacia los alveolos, en otros hacia los dientes superiores. La s  puede servir de medida: existen la apicoalveolar cóncava, la coronal plana, la ápicodental convexa. Pero la alveolar no llega a adquirir el timbre grave peculiar de Castilla. 

Enrique A. Sánchez L.