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Thu, Feb

El puente Golden Gate y la frontera con Haití

Opinion
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La primera vez que visité la ciudad de San Francisco, al oeste de Estados Unidos, recuerdo que en un recorrido turístico cuando cruzábamos el emblemático puente Golden Gate, observé que habían unos trabajadores entre las vigas de soporte en labores de pintura y mantenimiento.
La joven guía que nos acompañaba dijo que esos trabajadores inician cada año las labores de limpieza y pintura del puente, pero que permanecen en este trabajo permanentemente, porque cuando terminan de pintarlo, de inmediato deben comenzar a pintarlo nuevamente y así se la pasan eternamente.
Hago esa referencia porque esa es la labor que corresponde en determinadas circunstancias, con determinados bienes y con determinadas condiciones. Para el caso nuestro, el resguardo de la frontera.
Recientemente vimos que los medios de comunicación se alarmaron ante la retención que hizo un grupo de ciudadanos haitianos contra reconocidos médicos y empresarios que estaban en la carretera internacional que hace frontera con Haití en un paseo de turismo interno.
Les retuvieron sus motocicletas y prácticamente los secuestraron por varias horas. En la zona había dos militares que no actuaron en consecuencia; y que bueno, porque de haberlo hecho pudo producirse una desgracia en el lugar. Esos dos guardias, lo más que debieron hacer es comunicar de inmediato a sus superiores para que enviaran refuerzos, pero es seguro que en el puesto de vigilancia seguro no hay siquiera radios de comunicación.
Además, resulta que cuando los retenidos fueron liberados, llegaron a Restauración y allí las autoridades llamadas a resolver el problema lo que dijeron fue que eso es común y frecuente y que al cabo de unas horas los retenidos son liberados.
A eso se agrega el hecho de que los comandantes de estado mayor de la Tercera y Cuarta brigadas, así como del Ejército, del Cuerpo Especializado de Seguridad Fronteriza (Cesfront) y del Ministerio de Defensa, no se enteraron de lo sucedido hasta que el lunes, dos días después del suceso, algunos medios de comunicación lo hicieron público. De lo contrario, nadie en el país se habría enterado.
Es una vergüenza de que nuestros generales de escritorio, que se hacen llamar comandantes, jefes y responsables de la vigilancia fronteriza no solo no lo hacen, sino que además no se enteran de las novedades en la zona.
Es una vergüenza que el comandante en jefe de los cuerpos castrenses, es decir, el Presidente de la República, no haya tomado medidas correctivas inmediatas y de efectiva consecuencia para que los tantos generales con que cuentan nuestras fuerzas armadas sirvan por lo menos para resguardar la frontera.
Es una vergüenza que los medios de comunicación sean usados por los cuerpos castrenses que hace apenas unas semanas anunciaron y presentaron equipos de transporte, sistemas de drones y equipos sofisticados de comunicación y vigilancia para la frontera que ahora resulta que nadie los ve en la frontera.
Es una vergüenza que en los puestos de vigilancia de la frontera, cuyas edificaciones datan de la era de Trujillo y de allá para acá no le han puesto ni un block adicional, no hay equipos de comunicación efectivos, apenas dos guardias se turnan para cuidad, sin medios de transporte ni posibilidad de actuar en casos de emergencia por la falta de equipos y de personal.
La frontera, al igual que el puente Golden Gate, debe contar con personal de vigilancia constante, no solo en los puestos fronterizos, sino en patrullaje permanente, con sofisticados y bien equipados vehículos que se la pasen de norte a sur y de sur a norte transitando sin pausas, las 24 horas de día durante los 365 días del año.
No me vengan con que no hay presupuesto para eso, porque sí lo hay, al igual que hay vehículos suficientes, guardias en cantidad y dinero para el mantenimiento de esos equipos, para combustible y para pago digno del personal militar necesario.
Lo que ocurre es que esos recursos se desvían hacia otras “prioridades” que sólo conocen los militares de alto rango que se mantienen acomodados en sus oficinas con acondicionadores de aire, mientras los pocos guardias de puesto en la frontera ahora deben sufrir las consecuencias de una deficiencia que no es de ellos, sino de sus superiores.