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Sun, Feb

CRECIMIENTO DE LA ECONOMIA

Opinion
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El hecho de que la economía nacional haya crecido un 6.9 por ciento entre enero y septiembre del presente año, coloca ese resultado muy por encima de las estimaciones al comienzo del período, superando con mucho el promedio de América Latina y desplazando a Panamá del puesto de cabecera que había venido ocupando en los años recientes.

Las actividades productivas que mostraron mayor incremento fueron: las zonas francas un 12 por ciento; la construcción 10.9; el comercio 8.9; salud 8.7; comunicaciones 8; servicios financieros 7.7; la agropecuaria creció un 6.9 y la manufactura local un 6.3.

Otras cifras relevantes: entre octubre de 2012 y septiembre del 2018, según la Encuesta Nacional Continua de Fuerza de Trabajo se generaron 734 mil 544 nuevos empleos, con especial incremento en los últimos doce meses donde el total de trabajadores adicionales fue en promedio de 150 mil, lo que representó una aceleración de 30 mil en el ritmo de creación de puestos de trabajo

En tanto las exportaciones totales alcanzaron a 8 mil 271 millones 500 mil dólares, lo que representó un aumento de 795 sobre el mismo período del pasado año, los ingresos en divisas ascendieron a 22 mil 87 millones 400 mil, mil 597 por encima del 2017, con proyección de 30 mil millones para el cierre del presente año, colocando las reservas internacional del banco en 7 mil 329.     La inflación acumulada, como ya ha sido habitual, se mantuvo en un dígito bajo al registrar 1.52 por ciento.

Son números a todas luces alentadores, que marcan el consistente proceso dinámico mantenido por la economía en todos estos años, y sobre todo de incremento en las actividades productivas, las exportaciones y la captación de divisas.

Como ya es también habitual cada vez que el Gobernador del Banco Central, Héctor Valdez Albizu, ofrece datos del ritmo sostenido de crecimiento de la economía, se escucharan quejas de quienes alegan que no sienten reflejada esa mejoría en su calidad de vida.   No les falta razón. El bienestar no se refleja en todos los hogares.   Pero hay que insistir nuevamente en que la desigualdad distributiva y el ritmo de crecimiento económico no están reñidos ni son términos contradictorios por mas que no marchen de la mano.

La economía crece en la medida en que se incrementan las actividades productivas.  Si la agricultura, por poner un ejemplo, produce en un año cosechas por valor de 100 mil millones de pesos y al año siguiente, las produce por 110 mil millones, eso significa que la agricultura creció un 10 por ciento de un año al otro.  Pero no necesariamente que todos los agricultores van a registrar un 10 por ciento de aumento en sus ingresos. Unos recibirán mas y hasta mucho mas que otros y algunos, inclusive, pudieran perder.  Igual pasa con todas las demás actividades.

La desigualdad en la distribución de la riqueza no es un problema exclusivo de la República Dominicana sino que se registra en todos los países del mundo, donde se está registrando un creciente proceso de concentración de la mayor parte de la riqueza en menos manos (se estima que un uno por ciento dispone de mas ingresos que el noventa y nueve por ciento de la población mundial.

Sociedades mas estables, prósperas y felices son aquellas, sin embargo,  donde se acorta la desigualdad.  Es el reto que tienen que asumir los gobiernos mediantes políticas económicas y sociales que contribuyan a reducir la desigual y promover una mejor redistribución del ingreso.  No es cuestión de empobrecer al mas rico sino de  mejorar la condición de los que menos reciben para que puedan salir de la pobreza y dignificar su condición de vida.   Es lo que entendieron en su momento los dirigentes de China Continental cuando abandonaron las erradas políticas de Mao Tse Tung, bajo la nueva y acertada divisa de que “la riqueza es gloriosa”, lo que le ha permitido sacar de la miseria a las dos terceras partes de su inmensa población.

Es, por consiguiente, el reto que en nuestro país tienen por delante el gobierno actual y los que le sucedan si queremos disponer de  un mejor futuro para todos, tanto los ricos para poder disfrutar de su prosperidad sin riesgos ni turbulencias como los que no lo son para gozar de una vida más holgada y placentera.   No hay otra fórmula para garantizar la paz social.