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Thu, Jun

LO QUE QUIERO

Opinion
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En las redes sociales un lector del artículo del domingo pasado, “que descansen en paz esos muertos”, me pregunta que es lo quiero si los cuatro partidos mayoritarios no sirven, según dice él que dije yo.

No lo dije taxativamente, pero es cierto.

No sólo los partidos “grandes”, PLD, PRM, PRSC y el PRD deben ser cuestionados; también los de izquierda o centroizquierda. “La falsa izquierda”, diría el intelectual Juan Isidro Jimenez-Grullón. Ellos no escapan de la crítica mordaz por su enajenación y aislamiento, por su sectarismo, por la falta de visión que no le permite avanzar creando una fuerza poderosa que se convierta en opción de poder.

El pensamiento de izquierda existe en nuestro país antes del ajusticiamiento de Trujillo. Sin embargo, por una razón u otra, no ha podido levantar cabeza. Alguien me dirá, con cierta razón, que las fuerzas reaccionarias se impusieron exterminando a más de una generación de combatientes revolucionarios. También es cierto que en ese sector hubo mucho martirologio, ingenuidad, sectarismo y vanguardismo insensato que sirvió de excusa para el apresamiento y asesinato de muchos jóvenes valiosos.

La “Patria bien amada” jamás sabrá lo que perdió. Pero, como dice Fafa Taveras, “el pasado no tiene solución”. Hace muchos años que ese pensamiento y esa práctica política de izquierda debieron aglutinarse para construir una fuerza poderosa y temible. Hoy no es ni siquiera un referente. Continúa atomizada y dispersa sumándose a los partidos tradicionales que tanto critican.

No quiero ser extremista diciendo que los partidos, de izquierda o derecha, “no sirven”, que tienen que desaparecer. Imposible. Eso no ocurrirá a menos que se produzca un cambio del modelo económico, político y social, como en otros países. Lo que sí digo es que deben cambiar la forma y el fondo, que la política y el poder -que suelen ir de las manos- no deben seguir siendo un instrumento de enriquecimiento a costa de la pobreza del pueblo.

La corrupción no debe primar en las instituciones del Estado. La impunidad que rodea los actos dolosos ha legitimado la corrupción. He pagado un precio por decir que “todo el que llega pobre al Estado y sale rico es un ladrón”. El Estado no es fuente de poder y riqueza para los políticos, a los que debemos suponerles una vocación de servicio social ineludible.

Nadie puede ser funcionario y empresario al mismo tiempo. La Constitución, mil veces violada y pisoteada, así lo establece.

¿Qué es lo que quiere Juan T H si ningún partido sirve?, se preguntó el lector.

¿Qué quiero?, me hice la interrogante a modo de reflexión.

Quiero un sistema de partidos modernos donde prime el interés del país, no los intereses de grupos o líderes que cuando llegan al poder se envilecen corrompiéndose y corrompiendo a los demás dejando al pueblo abandonado, sumergido en su miseria.

Quiero que la política no continúe degradándose hasta extremos vergonzoso como ocurre hoy día, sin ética ni moral, sin escrúpulos, donde lo que importa es el dinero robado del Estado. Quiero dirigentes inteligentes, responsables, honestos, que no mientan, que no digan una cosa hoy y otra mañana por conveniencia. Quiero políticos que le duela su pueblo, políticos que defiendan el patrimonio de la nación. Quiero nuevos partidos con dirigentes y funcionarios que no estén corrompidos. ¿Es demasiado pedir? Soy iluso, dirá el lector que preguntó qué es lo que quiero si descarto a todos los partidos. Tal vez.