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DIALOGO SIN ESPERANZA

Opinion
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Este jueves se dio reinicio del diálogo entre representantes del gobierno de Nicolás Maduro y delegados de varios de los partidos de oposición que integran la llamada Mesa de la Unidad Democrática (MUAD).  Es la tercera ronda en el marco de la mediación promovida por el gobierno dominicano con la participación de varios países de la región a la búsqueda de una posible salida democrática a la grave crisis por la que atraviesa Venezuela. 

Esta es tanto de orden institucional, como económico, social y también humanitaria debido a la persistente y cada vez más precaria condición de desabastecimiento de alimentos, medicamentos y otros productos esenciales que desde hace más de dos años padece el pueblo venezolano. La misma se torna más angustiosa, en la medida en que el régimen de Maduro rechaza la ayuda humanitaria ofrecida por distintos países, en un  obstinado y por demás inútil empeño por pretender silenciar y disimular el empobrecido nivel de vida de la población.  Algo así como si se pretendiera tapar el sol con un dedo y una verdad que día tras día está a la vista de todos.

Por nueva vez, el Canciller Miguel Vargas Maldonado, acoge con optimismo la continuación del diálogo, afirmando que se han hecho logros importantes y mostrándose esperanzado en que se llegará a un acuerdo aceptable para las partes.  En todo caso, el acuerdo que se logre será de muy dudosa validez y aceptación, para gran parte de los grupos opositores y del mismo pueblo venezolano.

Quisiéramos compartir la opinión de Vargas Maldonado, inspirada sin dudas en los mejores deseos, los mismos que alentamos todos cuantos abogamos por la creación  de las condiciones requeridas para que Venezuela reencuentre la ruta de la paz y la concordia y se abran para su fraterno pueblo las puertas, hasta cerradas, cuando más levemente entornadas, de una real posibilidad de dejar atrás el presente aciago que viene arrastrando desde hace tiempo.  Una penosa y sostenida realidad que ha costado más de 125 vidas y centenares de presos políticos, represión continua, por parte de un régimen autoritario carente de legitimidad, que ha violentado y continúa haciéndolo,  reiterada e impunemente,  la institucionalidad y el estado de derecho, mantenido la represión,  ahogada la libertad de expresión, desplomado su economía, endeudado al país, desatado una inflación galopante e indetenible, incrementado la delincuencia, el narcotráfico y la criminalidad, aumentado la corrupción pública hasta niveles insospechados y sumido a la población en un creciente estado de empobrecimiento.

Lamentablemente las acciones del gobierno de Maduro no deja margen a esperanza.  Mientras envía sus acólitos a la mesa del diálogo y afirma con el mayor descaro que propicia una salida democrática a la situación que el mismo ha originado y mantiene,  continúa dando pasos hacia el establecimiento de un régimen continuista y cada vez más absolutista.  Es precisamente lo que advirtieron en sendas y diplomáticas misivas al Presidente Danilo Medina, los cancilleres de México y Chile que forman parte testimonial del diálogo.   Y es también lo que ha provocado mayor inconformidad y desconfianza en los delegados opositores que participan de la negociación.

Sin el menor ánimo de crear desaliento de manera deliberada ni restarle mérito a los buenos oficios del gobierno y el empeñoso afán del Canciller, lamentablemente la realidad que traducen las acciones de Maduro, quien ya se apresta a reelegirse a través de unas elecciones tan espurias como las celebradas recientemente para gobernadores y municipales y jugando con todas las cartas de la baraja en sus manos, incluyendo la realidad de una oposición abrumadoramente mayoritaria pero fragmentada e incapaz de ponerse de acuerdo en una estrategia uniforme,  las posibilidades de lograr una real solución pacífica y democrática a través de unas elecciones libres y transparentes que reflejen el real sentir del pueblo venezolano, mas que remotas lucen inexistentes. 

Estamos pues frente a un diálogo con escasa tirando a nula esperanza.  Penoso,  pero realista.

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