EDUCACION: INVERSION Y RENTABILIDAD

Desde que hace  se dio vigencia la ley del cuatro por ciento del PIB para la educación, se ha destinado casi un billón de pesos para impulsar la calidad de la docencia en el país.  Siete años después luce que seguimos casi en el punto de arrancada, muy distantes del objetivo perseguido. 

Para el presupuesto del 2020 se adelanta la información por el Diario  Libre  de que la destinación de recursos para la educación pública alcance la cifra sin precedentes de 510 millones de pesos diarios.  La gran interrogante es ¿que nivel de rentabilidad en término reales y comprobados de avance docente podemos esperar de esa cuantiosa   inversión de recursos aportados por los contribuyentes? 

En este sentido resultan de obligada referencia los datos ofrecidos por el ingeniero Samuel Conde, presidente de EDUCA, que reflejan con indispensable crudeza la realidad actual de la educación pública en el país y los retos que plantea para superar sus fallas y lagunas.

Conde destaca como un aspecto positivo el hecho los avances registrados en cuanto a la incorporación a la enseñanza primaria de la población en el rango de edad escolar de 6 a 11 años, que representa el 95 por ciento del total.  No obstante, advierte que por el contrario, todavía se registra un elevado porcentaje de repitencia, extra edad  y deserción así como la incapacidad de sistema para retener a los estudiantes a partir del séptimo grado.

No se trata de datos improvisados ni manipulados, si no que han sido recopilados a través del detallado estudio llevado a cabo por la Fundación Sur y la Red Latinoamericana  de Organizaciones de la Sociedad Civil por la Educación (REDUCA), el cual fue puesto a circular por EDUCA en la reciente celebración del trigésimo aniversario de su fundación.

El trabajo de investigación abarcó catorce países de la región, incluyendo la República Dominicana.  En el mismo consta que si bien se han logrado avances considerables en cuanto al acceso y cobertura, ello no ha traído aparejado un mayor nivel de calidad en el aprendizaje.

De contundente prueba en nuestro caso  bastaría tomar de ejemplo los bajísimos resultados registrados en las pruebas por la inmensa mayoría de los alumnos en las dos asignatura básicas de lectura comprensiva y Matemática; los igualmente obtenidos por los aspirantes a ocupar plazas  en el sistema de enseñanza pública en el concurso convocado por el Ministerio de Educación; y la más reciente declaración de la rectora de la UASD, profesora Emma Polanco, revelando que el 30 por ciento del presupuesto de la Primada es dedicado a la “nivelación” de los estudiantes que aspiran a profesionalizarse, quienes con escasas excepciones  arrastran un pobre nivel de conocimientos, a consecuencia de la deficiente docencia recibida en los niveles primario y secundario.

Es la penosa realidad que ofrece la educación nacional siete años y un billón de pesos después de haber puesto en vigencia la ley del 4 por ciento y del solemne compromiso asumido con la firma del Pacto por la Educación de no perder un solo día de clases, pronta y reiteradamente violado a partir de entonces.

Es también a partir de la cual tenemos que replantear el reto de lograr el objetivo de alcanzar los niveles de calidad en la enseñanza que requiere el país a la luz de los retos que plantean los cada vez más acelerados cambios tecnológicos del presente, para lo cual será necesario contar con recursos humanos dotados de las destrezas requeridas. 

Es requisito indispensable para hacer avanzar el país por el camino del progreso para lo cual será indispensable la propuesta alianza del sector público y privado y un firme compromiso de esfuerzo compartido y sostenido por parte de los actores del sistema, autoridades, educadores, alumnos, padres y sectores que le brinden el máximo apoyo.

No hacerlo así es pérdida total, seguir echando al zafacón energías y recursos.

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