Barbojos y Bagazos, de Justiniano Estévez Aristy

Barbojo es el término con el que la industria azucarera designa al cogollo marchito de la caña, mientras que el bagazo es el desecho de las frutas a las que se les ha extraído todo su néctar. Con la novela Barbojos y Bagazos el escritor Justiniano Estévez Aristy retoma el microcosmos del Batey, retratado anteriormente por Francisco Moscoso Puello, en Cañas y Bueyes, y por Ramón Marrero Aristy, en Over, con la diferencia de que el texto reciente destaca, por encima de la pobreza material que describieron sus antecesores, la terrible miseria espiritual del hombre en la llamada Era Posmoderna, llena de gente que se ha quedado sin las utopías que matizaban la existencia de pasadas generaciones.
La presentación resalta el comportamiento angustioso de un “revolucionario mal comprendido, una prostituta jubilada, un poeta que pierde la memoria, entre tres mujeres corrompidas por el over empresarial”, prototipos de un mundo donde la búsqueda del dinero fácil conduce a renunciar al interés por la justicia frente al vil asesinato del maquinista Tomás Gil, padre de la familia, quien intentara fundar un sindicato que defendiera a los obreros de un central azucarero en la región Oriental.
Barbojos y Bagazos se conecta con el “mundo light”, la “aldea global” de hoy, puesto que en el batey el poeta Osvaldo Gil, hijo del asesinado maquinista y sobrino del desaparecido periodista y abogado Guiliani Gil, se encuentra con los jóvenes poetas Jaque Louis, haitiano; y Zénit Marte Beltrán, domínico-haitiana, quienes le sugieren la creación de un movimiento, Le poétique noir, que denunciara las injusticias contra los trabajadores. “Le dije que la poesía social fue pasando de moda desde que el ruso con el mapa en la frente empezó con el Glasnost la momificación de la historia y la catalepsia de la rebeldía”.
Estévez Aristy, con Barbojos y Bagazos, se inscribe en la corriente novelística latinoamericana que busca pasar balance a una época, para abrir ventanas a nuevas aspiraciones sociales y humanas. Un ejercicio que debe continuar, entendemos desde aquí.

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