Falta de conciencia

Danilo Cruz Pichardo
danilocruzpichardo@gmail.com

Falta de conciencia

Las medidas adoptadas por el Gobierno, para reducir los niveles de
contagio de coronavirus, han sido objeto de múltiples opiniones de los
ciudadanos dominicanos, sobre todo aquellas que restringen el libre
tránsito, incluyendo toque de queda a partir del mediodía durante los
sábados y domingos.
En los países desarrollados y de alto nivel educacional, en su mayoría,
no ha sido necesario que sus autoridades dicten toque de queda, porque
el nivel de conciencia de la gente le lleva a exhibir la responsabilidad que
demanda un problema sanitario como el coronavirus, el cual ha sido una
tragedia, que ha dañado la salud y la economía de los habitantes del
planeta.
En el caso particular de la República Dominicana –dado el bajo grado
educativo de nuestra población– la irresponsabilidad ha sido espantosa.
El suscrito observó, en plena navidad, parques y colmados cerveceros
donde jóvenes de ambos sexos se aglomeraban a consumir bebidas
alcohólicas. Pocos, muy pocos, tenían mascarillas y las portaban en el
cuello. Es un acto de irresponsabilidad.
Los síntomas del coronavirus suelen ser leves en personas jóvenes,
incluso muchos son asintomáticos, pero contagian a los demás. Y retornan
a la casa y transmiten el virus a padres y a abuelos, que, por razones de
edad y de padecimiento de patologías, son personas más vulnerables. Esa
conducta irresponsable obedece a la falta de conciencia.
“La conciencia no es más que otras personas dentro de uno”, dijo Luigi
Pirandello. Pero es difícil mostrar conciencia si no hay educación, a pesar
que en todos los medios de comunicación social y en las redes sociales las
autoridades sanitarias han sido enfáticas en la reiteración del uso de la
mascarilla y el debido distanciamiento social, como únicas formas de
prevenir el coronavirus. Ningún dominicano debía ignorar esos consejos
después de diez meses de pandemia.
Las drásticas medidas restrictivas adoptadas por las autoridades
gubernamentales son simplemente una respuesta a la falta de
responsabilidad de la gente.
Con el toque de queda y demás medidas restrictivas se afecta a la
economía. Pero ¿qué presidente quiere ver la economía de su país
menguada? Ninguno. Y particularmente el nuestro, Luis Abinader, procura
no solo recuperar el espacio perdido durante el tiempo de pandemia, sino
que tiene en agenda un relanzamiento del turismo que involucra nuevos y

grandes proyectos en diferentes polos de la geografía nacional, así como
de otros renglones que dinamizarían el aparato productivo nacional.
Todo indica, sin embargo, que es un imposible implementar esos
proyectos en medio de un incremento de los contagios. Ni siquiera es
posible recuperar los niveles que nuestro turismo mostraba antes de
marzo de 2020.
Desde la humilde óptica del suscrito –que puede estar equivocado,
como en efecto cada rato me equivoco–, las medidas gubernamentales
inherentes al coronavirus son acertadas. Son similares a las que otros
países de la región asumen cuando los contagios se disparan y amenazan
con tornarse incontrolables ante las limitaciones médicas.
En un ejercicio de optimismo pensamos que lo peor pasó. Se acerca la
fecha de la vacunación, pero en esas ocho o diez semanas que faltan hay
que tomar las medidas que aconsejan las circunstancias. Sigamos usando
la mascarilla, mantengamos el distanciamiento social y solo salgamos de la
casa en caso necesario. Es un asunto de conciencia.
El gobierno no puede permitir que los contagios alcancen niveles
alarmantes, con clínicas y hospitales saturados, sin camas disponibles,
porque sería un escándalo internacional.
El gobierno ha mostrado interés en dinamizar la economía, pero la
salud de la población está por encima de todo. Cualquier recuperación
económica parcial tiende a retroceder dentro de un caos sanitario.
Tenemos que hacer conciencia.

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