Sobre una Escuela y Familia que Debemos Reformular

Alarma el hecho de que la descomposición que se advierte en la sociedad dominicana comienza a asumir acentuadas y preocupantes repercusiones en el seno de las escuelas y colegios del país.
Hechos recientes, reseñados por la prensa nacional, ponen al desnudo los cuestionables e inadmisibles episodios protagonizados por el personal docente y el estudiantado en diversos centros educativos, principalmente del denominado sector público.
Su dimensión crece de manera constante y sus manifestaciones asumen variopintos matices dejando como estela una realidad educativa y familiar de intranquilidad y pesadumbre.
Es una amarga realidad que obliga a pensar que algo extraño e intolerable se visualiza al interior de las aulas educativas a consecuencias de la crisis familiar del presente y la podredumbre social que prevalece en este terruño del Caribe al que todos estamos llamados a preservar de una manera diferente.
Hace unas cuantas semanas algunos medios audiovisuales destacaban cómo un adolescente era sometida a realizar el sexo oral a varios compañeros de un plantel escolar de Santo Domingo sin el menor tapujo y estupor.
Asimismo, un informe periodístico reciente resalta la preocupación puesta de manifiesto por reconocidas instituciones y reputados profesionales de la salud, en el campo de la cardiología y neumología, al denunciar cómo prolifera el consumo del tabaco, en sus diversas modalidades, teniendo presencia a niveles peligrosos en escuelas y colegios, principalmente privados.
En ánimo de hacer conciencia sobre la problemática referida, subrayan que, conforme a estudios realizados, en el 2018, en Santiago de los Caballeros, alrededor del 20% de los adolescentes de bachillerato, en escuelas privadas, consume habitualmente tabaco y un 33% lo probó alguna vez, proliferando también de manera significativa el uso del cigarrillo electrónico.
No bien se informa sobre lo anterior, también se da a conocer, a través de algunos medios de comunicación, el desorden y la indisciplina patrocinada por un grupo de estudiantes de un importante centro de la capital dominicana, quienes al finalizar sus compromisos escolares, optaron por celebrar la ocasión, estrellando y rompiendo pupitres, al tiempo que triturando cuantos libros, cuadernos y publicaciones tomaron en sus manos, para luego inundar todo el ambiente con fragmentos de hojas de libretas de apuntes.
Todo lucía como una especie de gran festín para celebra una efemérides trascendental e inolvidable sin importa el desbarajuste.
Y mientras lo ya expuesto petrificaba con el asombro a muchos abnegados educadores y nobles padres de familias, en otra entrega periodística se destacaba que, en otro centro educativo, ubicado en la zona rural del Primer Santiago de América, sus autoridades lograron encontrar, en el interior de la mochila de un mozalbete tras el pan de la enseñanza, una costosa arma de fuego, sin que hasta el momento se conozca con cuáles fines.
No considerado lo ante expuesto como suficiente para concluir en que, algo huele mal en nuestras escuelas públicas y privadas, en los núcleos familiares y la sociedad dominicana, en sentido general, un importante noticiero de la televisión criolla destaca que una distinguida directora, en otro importante centro de enseñanza, hoy exhibe un conjunto heridas y laceraciones que deforman su rostro, como resultado de la violencia de una conserje que no obtemperó a las supuestas reclamaciones de cumplimiento de sus funciones, formuladas por su superiora.
Así las cosas, no caeríamos en la osadía propia para producir sonoridad si sugiriéramos, sin perder tiempo, empezar de manera colectiva, sincera y responsable un proceso de reflexión y reingeniería en el interior de nuestros núcleos familiares y la dirección de los planteles escolares en procura de garantizar el orden, la disciplina y la seguridad que otrora reinaba en esos templos de enseñanza y socialización ciudadana.
Corramos raudos… el tiempo apremia..!!

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