UN GOBIERNO SIN CABEZA

Cuando un país es azotado por el huracán de un gobierno sin cabeza de demagogos, de farsantes, se alimenta la decidía, la impunidad, la corrupción, las canonjías, la hipocresía, la farseda, convierten a los pueblos en conglomerados de momias sin virtudes morales.

Donde los partidos del sistema son el soporte de la corrupción, porque la democracia es la fuente donde abrevan y se alimentan y se nutren los partidos políticos, pues es ahí de donde nacen estos males que afectan al pueblo, que son asediados por los partidos políticos en campaña de manera grotesca, para llegar al poder, pero estas estructuras políticas son verdadera entelequia pestilentes. Bueno, porqué yo digo esto, por una razón muy sencilla porque financian  sus partidos con el dinero de los impuestos que paga el pueblo al fisco y los contribuyentes. Pues deben hacerlo con sus dinero propio, no con los impuestos a los consumidores eso no es justo, el pueblo ya no aguanta más impuestos.

Por otro lado el presidente del mal llamado cambio Luis Abinader dijo que iba a disminuir en un 50% la partida presupuestaria destinada a los partidos del sistema. No debe ser un 50%, debe ser anulada esa asignación corrupta definitivamente, porque el que no tiene recurso económico para hacer política lo que debe hacer es quedarse en su casa planchando sábanas y leyendo la Biblia, y predicando los evangelios. Por otro lado el Congreso no es más que una banda Sinfónica de corruptos y de atracadores patentados.

Mientras que los Senadores reciben RD$27, millones de pesos anuales en fragantes apto de corrupción, ahora yo me pregunto ¿Y los altos mandos militares reciben una prebenda similar, al atraco de los Senadores? Ese Congreso debe ser clausurado, porque se ha convertido en un antro  de contaminación infesiosa  de corrupción.

Es hora que este pueblo despierte de la pesadilla que tienes hace muchos lustros o va a perecer de inanición esperando un milagro que le cambie su destino, para no convertirse en discípulo de la guadaña.

¡Parece mentiras, pero es cierto! Al cabo de 59 años de la desaparición de Trujillo, todavía impera en el país la espada del gendarme y todavía padece eclipse en nuestro cielo la estrella de la crueldad de la nefasta tiranía. Esa sombra tenebrosa de ese pasado funesto de Trujillo gravita actualmente sobre el destino del pueblo dominicano como una maldición.

 Los cambios  que el país requiere no pueden ser a través de un gobierno, de una oligarquía  empresarial, ni mucho menos con estos partidos del sistema, para hacer eso verdaderos cambios, tienen que ser con la fuerza viva del pueblo convocando a luchar a todas las clases sociales a participar en ese proceso, porque la lucha decididas de los pueblos es la que mueve la ruedas de la historia y de los cambios sociales.

Para hacer esos cambios tienen que ser revolucionarios y deben ser rápidos además de integrales como los demanda la hora.

Pues  no se puede continuar con el cuento ese del mal llamado gobierno del cambio que señalo que encontró un Estado quebrado, eso es circo para justificar un endeudamiento prematuro y exagerado, pues este gobierno hasta ahora lo que ha hecho es demagogia y, demagogia de la peor especie, porque ha abierto con ese material explosivo el cráter de un volcán en el corazón de las masas desposeídas, las que fueron engañada en las urnas de manera grotesca para llegar al poder.

El desaliento ha cundido el país frente al triste espectáculo que está dando el cambio, mientras la nación es desgobernada por un grupo de ineptos, paniaguados, demagogos, que tienen la nación sumida en un limbo, en un devenir incierto.

El país no goza de tranquilidad, el desorden impera en la administración pública, la corrupción sigue su agitado curso, la Ley se ha reducido a una mera abstracción de teatro, un Poder Judicial que carece de ética, mejor dicho un adefesio jurídico.

Este país no va para ninguna parte, porque el gobierno del mal llamado cambio que nos rige carece de planes económicos definidos y porque la nación está  bajo una  dirección inexperta que avanza hacia un desastre de consecuencia impredecible dantesca.

O nos unimos o perecemos, necesitamos acercarnos para salvar a la República del caos, de este gobierno del cambio sin cabeza.

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