Casi muero de amor por mi ex

Creo que es algo que nos ha sucedió a todas. Cuando terminamos una relación con ese hombre que nos voltio el mundo al revés, que nos puso loca y que nos alejó de las amigas porque que en los “juntes” solo se hablaba de él, sentimos que el mundo se acaba y surge la típica frase de telenovela: me quiero morir”, “no puedo vivir sin él”. Nos desgastamos, dejamos que el tinte de cabello se salga hasta la mitad, el arreglo personal queda relegado a un segundo plano, lloramos todo el día y la cama se convierte en nuestra mejor amiga.
En mi caso, andaba como una zombi, no quería comer, hablar con nadie, no podía dormir… es más, era tan fuerte la cosa que tuve que acudir a un experto de la conducta para que me ayudara a recomponerme. Y por supuesto me decía que jamás volvería a enamorarme y el encierro fue mi mejor salida.
Ante la ruptura de una relación es imprescindible normalizar nuestra vida lo antes posible y evitar desarrollar pautas de conducta destructivas que el común de la gente emplea como paliativo para mitigar su pena.
Si pensamos que la soledad, el alcohol, huir a otro lugar, consolarnos con relación accidentales, nos pueden aliviar, estamos muy equivocados. No nos ayudarán, nos enfermaremos y tendremos mayores problemas.
Tampoco servirá confiar en personas inadecuadas, gente de poca confianza, pues no nos aportarán protección, apoyo o soluciones. Es preferible hablar de nuestro dolor, de nuestros sentimientos con personas de confianza que nos apoyen y nos comprendan.
Entablar una nueva relación prematuramente, sin haber resuelto el duelo no es saludable ni para ti ni para la otra persona. “Un clavo no saca a otro clavo”, Es probable que cada vez que te sientas “enamorado” en realidad estarás “necesitado”. En lugar de enfrentar el dolor, estarás buscando a una persona que te cuide o te acompañe para que el tiempo pase más rápido y no estar solo, pero no a una pareja.
Algunos se torturan escuchando música o contemplando objetos, lugares que insistentemente le hacen recordar a la otra persona, sin darse oportunidad para afrontar la realidad y vivir su dolor con dignidad.
No llames si no quieren escucharte, no busques si no te quieren encontrar. Esto prolonga tu dolor, lo convierte en obsesión, baja tu autoestima y hace que tu vida y la del otro sean un infierno.
Otros reaccionan imponiéndose, tratando por todos los medios de lograr que se reanude la relación. La violencia, el chantaje, la manipulación, no conduce a nada. Nos hace vivir un infierno, nos trae graves problemas. Este comportamiento genera odio, resentimiento, enfermedad.
Estacionarse en una de las fases del duelo significa detener el proceso y seguir sufriendo. Deja que el despecho se elabore. No te detengas, deja que fluya y trabaja en tus emociones y sentimientos en cada etapa. Desarrolla las técnicas necesarias para manejar mejor tus emociones.
Si los sentimientos de fracaso e insuficiencia se apoderan de nosotros, es importante recordar que somos responsables de nuestra propia conducta y que no podemos cambiar la conducta de la pareja, a menos que ésta quiera. Tu única preocupación deberán ser los cambios que tu necesitas hacer en tu vida.
El amor no se obliga. Es más saludable vivir nuestro duelo, nuestro despecho y salir adelante sin rencor, sin culpa. Perdonando y olvidando. Viviendo y dejando vivir.

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