La Silla Presidencial, un emblema del poder

Fue responsable de vigilar y proteger la silla presidencial desde los gobiernos de Joaquín Balaguer, Hipólito Mejía hasta los finales del mandato de Leonel Fernández, quien lo puso en retiro luego de haberlo ascendido al rango de coronel.

por Manuel Diaz Aponte

El coronel Benito Moreta, un trigueño oficial de la Policía Nacional, seguía sigiloso los movimientos de todos los que se acercaban a la Silla Presidencial, hermoso asiento de caoba de uso exclusivo del Presidente de la República. Y nadie, absolutamente nadie, debe osar colocar sus caderas en ella o atenerse a consecuencias.

Moreta, a quien los periodistas que lo conocimos apreciamos sus dotes de un ser humano humilde, discreto y amante de la agricultura.

Al terminar sus labores habituales en la mansión presidencial se dirigía a su hogar de Cambita, Garabitos, provincia de San Cristóbal, a entregarse a su otra pasión: La agricultura.

En una ocasión, conversando con él en la sede gubernamental me confesó que en su predio de apenas diez tareas tenia diversos sembradíos, entre ellos, yuca; plátanos, ñame, aguacate y frutales.

Hasta un criadero de gallinas ponedoras conservaba y en sus manos callosas se apreciaban las cicatrices dejadas por el machete y azada, dos de los instrumentos que empleaba para levantar el conuco.

Fue responsable de vigilar y proteger la silla presidencial desde los gobiernos de Joaquín Balaguer, Hipólito Mejía hasta los finales del mandato de Leonel Fernández, quien lo puso en retiro luego de haberlo ascendido al rango de coronel.

Su responsabilidad era muy grande y delicada porque implicaba monitorear constantemente ese asiento exclusivo para quienes ostentan el poder en la República Dominicana.

Alrededor de la butaca presidencial hay anécdotas y curiosidades, por ejemplo, personas que se acercaban a ella para tomarse fotos, algunos inclusive intentando sentarse fueron sorprendidos.

En los Salones de Las Cariátides, Verde, de Embajadores y por supuesto, en el Despacho Presidencial su imagen se destaca como una de las principales simbologías.

Es uno de los objetos más emblemáticos del Despacho del Presidente y efigie del poder político en la República Dominicana.

Cuando es sacada del Palacio Nacional, se le cubre con una capa para protegerla del sol o del agua.

Desde la Silla del primer ejecutivo se firman los decretos, autorizaciones del más alto nivel del Estado, se coordinan las directrices globales de las ejecutorias gubernamentales, agenda de reuniones, se trazan pautas, y en los momentos de tinieblas de la historia del país se decidieron horrendos crímenes que conmovieron a la sociedad.

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El presidente de la República dispone además, de una antesala y de una sala para encuentros en el área de su Despacho.

Allí acuden los funcionarios que el mandatario invita para dar seguimiento a los asuntos de Estado; recibe a personalidades de los ámbitos gubernamentales, legislativos, judiciales, políticos, diplomáticos, empresariales, artísticos, deportivos y representantes de organismos nacionales e internacionales.

Abinader, desde el 16 en la Silla Presidencial

Desde este domingo 16 de agosto, el licenciado Luis Abinader ocupará el solio presidencial para el periodo (2020-2024), tras juramentarse en la Asamblea Nacional.

Hay varias sillas para el primer mandatario de la nación con las mismas características del escudo nacional colocado en la parte superior así como de forro rojo intenso. Son llevadas a los lugares donde éste acude a inauguraciones de obras, encuentros y otras ceremonias oficiales.

Frecuentemente la poltrona es acondicionada, ajustada, tallada, pintada y desde la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo Molina (1930-1961) ha pasado por transformaciones sucesivas.

En los gobiernos de Leonel Fernández e Hipólito Mejía la Silla Presidencial era transportada en un camión cerrado del Cuerpo de Ayudantes Militares, cuando los ex gobernantes presidieron actos fuera de las instalaciones del Palacio Nacional.

Los ex mandatarios Joaquín Balaguer, Antonio Guzmán Fernández y Salvador Jorge Blanco también lo hacían.

Rompiendo la Tradición

El presidente Danilo Medina se le vio sentado en otra silla con diseño diferente a las usadas tradicionalmente por los mandatarios, durante una ceremonia en el Salón Las Cariátides en el Palacio Nacional.

En los primeros días de su primer mandato (2012-2016) rehusaba utilizar el asiento, pero tras consejos de asesores incluyendo historiadores dominicanos aceptó finalmente.

Aunque en sus “visitas sorpresas” en distintas comunidades solía ocupar asientos comunes al igual que las personas con las que interactuaba.

La parafernalia del poder tiene en sí mismo sus propios códigos que ningún príncipe debe soslayar.

En su clásica obra “El Príncipe”, el pensador y escritor italiano Nicolás Maquiavelo revela la importancia de resguardar las actitudes simbólicas alrededor del poder.

El efecto sicológico que rodean las decisiones de Estado son determinantes para el éxito o fracaso de un gobierno.

De ahí, que la población dominicana haya comenzado a sentir esperanza y fe en la nueva administración gubernamental del Partido Revolucionario Moderno (PRM), tras los anuncios de designaciones del Gabinete del presidente electo, Luis Abinader.

Sicología del Poder

La gente percibe que cada uno de los funcionarios previamente anunciados en los tuit-decretos por el nuevo mandatario, llegarán a sus despachos con acciones concretas en el tintero para iniciar inmediatamente sus jornadas en el tren administrativo.

Incluso, han dialogado con sectores de la sociedad y con los propios burócratas salientes.

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Abinader ha presidido reuniones de trabajo con su futuro Gabinete, en las oficinas desde donde coordina toda la transición en un hotel de la zona colonial, de Santo Domingo.

No olvidemos que el traspaso de gobierno ha sido apenas de 40 días por causa de la Covid-19, cuando lo habitual son 90 días, según lo establece nuestro reordenamiento constitucional.

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