CONTRASENTIDO

Conforme se van registrando cada vez mayores avances en el campo de la Medicina, sobre todo preventiva,  van aumentando las expectativas de vida de los seres humanos, salvo en aquellos países y regiones afectados por condiciones de extrema pobreza y marginalidad que no han podido beneficiarse de los mismos  donde resulta corto el promedio de vida.
 
Vivir más años es una aspiración de la gran mayoría de los seres humanos.  Lograr extender la expectativa de vida es considerado como uno de los aspectos fundamentales que sirven para medir el  progreso de una sociedad.    Pero vivir más  no siempre representa necesariamente vivir mejor.
 
La expectativa de vida de los dominicanos ha mantenido un ritmo de incremento. Un estudio llevado a cabo por varias instituciones bajo el título “Misión República Dominicana Envejece” lo deja en evidencia al establecer que mientras en el año 1950 los mayores de sesenta años representaban el 2.7 por ciento de la población para el 2015 esa proporción había aumentado hasta un 6.7 por ciento, es decir dos veces y media más.
 
El revelador estudio proyecta que para el año 2040,  a la vuelta de una sola generación, la expectativa de vida en nuestro país será de 78 años para los hombres y 82 para las mujeres.  O sea, que la proporción de envejecientes será aún mayor, y que para poder mantener el equilibrio poblacional, y por tanto económico y social, será preciso disponer de una mayor cantidad de población joven, y por consiguiente estimular la tasa de natalidad.
 
Ahora bien: aunque parezca un contrasentido el avance y beneficio de poder vivir más años  plantea a su vez problemas que obligan a llevar a cabo indispensables reajustes.  Uno de ellos, implica  extender el rango  para clasificar a la población envejeciente, que ya no sería de 60 años sino a una edad mas avanzada, del mismo modo que el de la etapa productiva, es decir el tiempo promedio que se supone que el ser humano en condiciones razonables de salud está en capacidad de trabajar.
 
Ahora mismo, el aumento de la expectativa de vida en relación a cuando se elaboró y fue promulgada la ley de Seguridad Social conllevará necesariamente a que reconociendo el derecho ya adquirido de los asegurados a la fecha de  poder acogerse al retiro a la edad de sesenta años, el de pensionarse para los que entren al sistema en lo adelante tendrá que ser extendido a una edad más avanzada.  De lo contrario, la Seguridad Social colapsaría y no dispondrá de suficientes fondos para honrar las pensiones.
 
En otro orden, si bien hay que saludar y considerar como un logro positivo que los dominicanos puedan vivir más años, en el propio sistema de Seguridad Social se da el contrasentido de que en la medida en que el asegurado se acoja a la edad de retiro pierde automáticamente la cobertura de salud, precisamente a una edad en que por obvias razones de desgaste mental y fisiológico el organismo se vuelve más vulnerable y requiere de mayores cuidados médicos.  O sea, que tendremos una mayor cantidad de población envejeciente en estado de abandono y desprotección, con el consiguiente incremento del nivel de pobreza. 
 
El tema del envejecimiento poblacional y los reajustes a que necesariamente conllevará, más la necesidad de brindar cobertura de salud y protección a esa proporción creciente de habitantes pasa a figurar entre los retos más apremiantes de un futuro que está ya a nuestras puertas.
 
Es un fenómeno que ahora mismo están enfrentando otros países, inclusive de economía desarrollada, cuya experiencia pudiera servirnos de guía para tomar nuestras propias indispensables y previsoras medidas de solución.

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