Las bocinas al zafacón

Manuel Díaz Aponte

Una de las perversidades que más daños causan a la sociedad dominicana son las insoportables, ruidosas y malvadas bocinas mediáticas.

Alentadas, patrocinadas y auspiciadas desde las entrañas del poder, hoy sus principales voceros exhiben grandes riquezas extraídas del erario público.

Ostentan los recursos que ni siquiera profesionales prominentes y académicos consagrados, entre ellos, médicos y profesores de larga hoja de servicios pueden exhibir.

Algunos han cobrado en cuatro o cinco instituciones gubernamentales a la vez, y facturan sumas millonarias por concepto de publicidad privilegiada.

Esos recursos bien pudieron ser invertidos en solucionar graves adversidades de ciudadanos y ciudadanas dominicanas, que viven en hogares techados de zinc y separaciones de cartón.      

O para mejorar los miserables sueldos de consagrados empleados y trabajadores de instituciones estatales.

No es justo que desde la propia Dirección de Información, Análisis y Estrategia de la Presidencia (DIAPE), se elaboren campañas sucias para acabar con la integridad moral de los opositores.  

A partir de ahí, las bocinas entonces entran en acción, dándole seguimiento a las pautas trazadas revestidas de maquiavélicos propósitos.  

Se inventan consecuentemente, todas las mentiras inimaginables, encubiertas en un sensacionalismo altisonante que retumba poderosamente en la caja auditiva de los receptores.

Y nos preguntamos: ¿Es eso, una verdadera comunicación apegada al rigor ético, moral y profesional para orientar a la comunidad? Evidentemente, que no.

Foro Público, ¿o inquisición mediática?

¡Un absurdo!, especie de versión actualizada del temible escenario del foro público en la oprobiosa y despiadada dictadura trujillista.

Convertir la radio, la televisión y ahora las redes sociales en la Internet en “letrina comunicacional” son acciones abusivas e irrespetuosas contra una sociedad que merece ser orientada en base a contenidos decentes y edificadores.

Esas bocinas muy bien conocidas porque siempre pretenden bailar la fiesta en todos los gobiernos, actúan en contubernios con propietarios de emisoras de radio y televisión que detrás del telón, accionan la linterna de Diógenes para presionar y chantajear.    

El  reparto político realizado por las autoridades en torno a las frecuencias radiales y televisivas en los últimos treinta años en el país, es causa principal del desorden imperante en esas áreas comunicacionales.

Los tradicionales radiodifusores fueron desplazados por políticos ahora convertidos en empresarios gracias a la corrupción administrativa, y son ellos, precisamente quienes trazan las pautas para enfilar los cañones contra sus adversarios.

Poseen cadenas de radio y televisión alrededor del territorio nacional, y por consiguiente, el eco del veneno que expanden a través de las ondas hertzianas se propaga como estrella fugaz.   

Otras veces, apoderan a testaferros que aparecen como supuestos “propietarios” de esas empresas de comunicación.

¿Qué buscan? Tener suficiente influencia en la opinión pública para distorsionar, manipular y hasta difamar a sus contrarios políticos.     

De esa manera, se agencian un supuesto poder de “penetración, control e influencia” entre los ciudadanos.

Pero el pueblo dominicano valientemente y desafiando presiones gubernamentales y al propio Covid-19, acaba de sepultar las aspiraciones de continuismo del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), tras dos décadas en el poder.       

Sicariato Comunicacional     

Es bien sabido que hay “comunicadores” que por su actitud se convierten en sicarios en las estructuras mediáticas destruyendo las honras de personas e instituciones solo por atender a compromisos políticos y económicos con sectores de poder.

Precisamente, el doctor Guido Gómez Mazara sometió ante la Justicia por difamación e injuria a Rafael Linares Guerrero y Ángel  Martínez, y anticipó que procederá contra otros en los próximos días.

El jurista Gómez Mazara demandó a ambos por haber dicho que él recogía dinero del narcotráfico para entregárselo al recién electo presidente de la República, Luis Abinader, en la pasada jornada electoral.

“Aquí hay que acabar de una vez y para siempre que la campaña política es un espacio para difamar, calumniar y afectar la honra y la moral de la gente”, dijo el jurista y dirigente político del Partido Revolucionario Moderno.  

El “desempeño” de las bocinas tratando inútilmente de impedir la victoria de Abinader, con diatribas, calumnias y fábulas fracasó estrepitosamente ante la gallardía y heroísmo del pueblo dominicano que finalmente socavó la dinástica morada en el poder.

Si queremos ver en el país un nuevo espacio de decencia y respeto hacia la dignidad de las personas, hay que comenzar a higienizar los contenidos emitidos por algunos medios de comunicación, específicamente la radio, televisión y las redes.

Decencia Vs. Dignidad 

No es posible que ante la expansión de la comunicación moderna en el mundo, estemos presenciando en la República Dominicana un cuadro tan deprimente de mensajes de  bajezas, insultos, diatribas, violencia verbal y de acusaciones inventadas sólo para destruir reputaciones por conveniencia políticas coyunturales.   

A eso, hay que ponerle freno ya. Si queremos adecentar la sociedad dominicana debemos comenzar primero en los propios medios de comunicación, algunos de ellos, convertidos en simples “cloacas”.

El micrófono hay que cerrarlos a aquellos terroristas de la palabra que hoy son millonarios a costa de la pobreza del pueblo.        

No se trata de imponer límites a la libertad de expresión sino más bien, al libertinaje y al asalto comunicacional.         

Artículo de Manuel Díaz Aponte

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