La política monetaria en el dilema de aflojar y apretar

Luego de varias semanas sin publicar esta columna, debido a el período de cuarentena que ha vivido el país por el Coronavirus-Covid19, hemos retomado nuestras acostumbras entregas; esta vez, enfocados en uno de los aspectos de la economía que toca este proceso de crisis sanitaria.
Tradicionalmente, el Banco Central aplica medidas de política monetaria, tendentes, en primer lugar, a mantener controlada la inflación, es decir, el índice de precios al consumidor (IPC) y, en otros aspectos, para motivar un crecimiento efectivo de la macroeconomía medida por el producto interno bruto (PIB).
Por ejemplo, cuando la economía está en expansión y se perciben amenazas de un aumento de la inflación y riesgos de devaluación monetaria o alza del dólar, por un exceso de demanda, la medicina de política monetaria es restringir el circulante, haciendo más costoso el precio del dinero, con aumentos en las tasas de interés y menos emisión de pesos.
Si la economía sufre una desaceleración y se requiere motivar su crecimiento, entonces se aplica una fórmula distinta a la anterior, es decir, se pone más dinero a disposición de los agentes económicos, a través de la liberación de recursos del encaje legal o de otros mecanismos, además de que se dispone un abaratamiento del costo del dinero con reducciones de la tasa de interés.
En este momento, las autoridades monetarias del Banco Central están en una especie de encrucijada, debido a que, por un lado, tienen que hacer lo posible por dinamizar la economía, luego del brusco frenazo que sufrió con la cuarentena; mientras que, de otro lado, debe buscar la forma de evitar que el exceso de dinero disponible siga presionando la tasa del dólar, que actualmente está en alza y en escasez.
El Banco Central ha puesto a disposición del sector financiero poco más de 125,000 millones de pesos para prestar a los sectores que así lo demanden con tasas de interés bajas, que no superan el 8% anual. Además, ha dispuesto la liberación de dinero en moneda fuere, alrededor de 622 millones de dólares, para ser prestados también a bajas tasas de interés a los sectores generadores de divisas.
De otra parte, para enfrentar la reducción de la disponibilidad de dólares, a causa de la caída del turismo, las exportaciones, la inversión extranjera y las remesas (principales generadores de divisas del país), el Banco Central ha intervenido el mercado cambiario con más de 1,900 millones de dólares, con lo cual se asume que ha recogido pesos por ese equivalente al cambio actual.
Como vemos, la Junta Monetaria del Banco Central ha tenido que jugar a dos cartas a la vez: de un lado poner dinero a disposición de los agentes económicos en procura de dinamizar la economía y, de otra parte, tomar medidas de intervención del mercado cambiario para tratar de contener el alza del dólar, que ya se está traduciéndose en incrementos de precios en muchos productos, es decir, en inflación.
Los esfuerzos por dinamizar la economía son válidos y necesarios, pero el costo de esas acciones es la devaluación del peso e incremento y escasez de dólares. Lo que imaginamos que está calculando el Banco Central es hasta qué punto se resiste el deslizamiento al alza que viene registrando el dólar, sin que eso impacte con mayor fuerza en la inflación.
Afortunadamente, en los últimos años, el país ha gozado de una estabilidad envidiable, con inflación controlada y muy por debajo de la meta monetaria de 4% +/– 1%. Por eso todavía hay margen para seguir abaratando el costo del dinero y procurando dinamizar la economía.
El problema es que los favorables indicadores de inflación se ven amenazados en la medida en que el dólar sube y escasea, lo cual mantiene a las autoridades monetarias en la difícil encrucijada de aflojar y apretar, dando tiempo a una necesaria recuperación de los sectores generadores de divisas.
Eso, con otro elemento de presión en contra: la cercanía de las elecciones presidenciales y congresuales, cuyos resultados pueden ser influenciados por la situación económica, pero que a la vez inciden en la incertidumbre que, al igual que el frenazo a la economía, han presionado la tasa de cambio.

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