Voracidad minera amenaza montañas, árboles y agua en RD

La voracidad minera amenaza los árboles, montañas y el suministro de agua en la República Dominicana.
La advertencia la hace a Primicias y a la nación el dirigente comunista Narciso Isa Conde, quien señala que “ahora, por el COVID declinaron importantes vertientes de su economía, las empresas mineras están decididas a potenciar su voracidad, a realimentarse dañando más aún la Madre Tierra. Es una orden del alto mando transnacional, de los consorcios de la guerra y las armas, la salud, las tecnologías de punta y la minería extractiva”.
A su juicio, decidieron recuperarse económicamente comiendo oro, plata, níquel, gas, petróleo, tierras raras y cobalto sin compañía de agua.
Isa Conde considera que el oro para ellos vale más que el agua.
“La Barrick, que nadie sabe cómo reemplazó a la Everton, ya está tras el oro de la Sierra de los Siete Pico (Yamasá), donde nacen los ríos Ozama e Isabela, mientras Falcondo se prepara para asaltar Loma Miranda y penetrar por el lado Norte a la Cordillera Central”, expone Isa Conde a Primicias.


Isa Conde también se refiere a la Unigold, a quien define como “amiguita de la Barrick”, el tribunal Constitucional le regaló la posibilidad de explotar todo el oro del Parque Manuel Aurelio Tavarez Justo y destruir todo el sistema de agua de la Línea Noroeste, incluido además el Rio Artibonito con impacto en República Dominicana y en Haití.
Narciso Isa Conde, defensor histórico de los recursos naturales de la nación, denuncia que la Gold Quest calienta los motores para abrir en Romero, San Juan, las compuertas del saqueo minero en la ladera Sur de la Cordillera Central y matar de paso todo el sistema de agua del Yaque del Sur, desde Azua a la frontera, arrasando con el Granero del Sur.
“El triángulo de la muerte en acción, no importa cuál sea la ley minera, si la vieja o la nueva”, expone Isa Conde.
Isa Conde amplía sus consideraciones con la siguiente opinión:

En la medida ue avanza la decadencia del capitalismo y la civilización que ha creado, en mayor proporción incrementa su voracidad destructiva. Actúa más que antes contra la vida, contra la existencia de la naturaleza humana y no humana. Guerrea sin piedad.
Contamina. Envenena. Mata cuerpo y alma. Mata bosques y mata el agua. Enriquece a los suyos, empobreciendo a los nuestros. Cura una enfermedad y genera otra. Cada vez cuentan menos las necesidades humanas y la salud de la Madre Tierra en su tenebrosa contabilidad.
Ahora, como por la covid declinaron importantes vertientes de su economía, sus jefes están decididos a potenciar la voracidad minera, a realimentarse dañando más la Madre Tierra.
Es una orden del alto mando transnacional, de los consorcios de la guerra y las armas, de los negocios de salud, tecnologías de punta y minería extractiva. Una orden envaselinada, que pasa por la Cámara Minera y acata el mandamás del Palacio Nacional, sus ministerios de mina y ambiente, y tecnócratas a su servicio.
Voracidad minera tiene que frenarse
Decidieron recuperarse económicamente comiendo oro, plata, níquel, gas, petróleo, tierras raras y cobalto sin beber agua. Para ellos el oro vale más que el agua. La Barrick, que nadie sabe cómo reemplazó la Everton, ya está tras el oro de la Sierra de los Siete Pico (Yamasá), donde nacen el Ozama e Isabela. Falcondo se prepara para asaltar Loma Miranda y penetrar por el Norte a la Cordillera Central.
A Uni-Gold, amiguita de Barrick, el Tribunal Constitucional le regaló la posibilidad de explotar todo el oro del parque Manolo Tavárez Justo y joder todo el sistema de agua del Noroeste del país, incluido el Artibonite, aquí y en Haití. La Gold Quest calienta motores para abrir en Romero las compuertas del saqueo minero en el lado Sur de la Cordillera Central y matar de paso el sistema de agua del Yaque del Sur, desde Azua a la frontera, arrasando con el granero de San Juan.
En fin, el triángulo de la muerte en acción. No importa cuál sea la ley minera, si la vieja o la nueva, o si se logran más o menos ingresos para el Estado. Poco valen aquí leyes y constituciones, menos en materia de seguridad ambiental.
Es el mismo Estado colonizado y corrupto, y un poder capitalista (transnacional y local) imbuido junto a su partidocracia de una enorme prepotencia y un profundo desprecio por la Madre Tierra, presto a privatizar y negociar con el agua escasa. ¡Habrá sangre de nuevo en el país!

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