La discreta historia dominico-paraguaya

Una labor conjunta de los investigadores Pedro Sánchez Leguizamón, embajador paraguayo en el país y Lucy Arraya, abogada internacionalista, permite la lectura del ensayo Relaciones diplomáticas y consulares entre el Paraguay y la República Dominicana, donde resaltan vínculos y vivencias poco tratados en la historia de ambos países latinoamericanos cuya cercanía espiritual no ha sido impedida por el distanciamiento geográfico. La historia se inicia en 1887, con Ulises Hereaux (Lilís) como presidente y Manuel María Gautier en el Ministerio de Relaciones Exteriores. Luego pasarían por Asunción, capital de la nación, intelectuales como Federico Henríquez y Carvajal, junto a su sobrino Max Henríquez Ureña, cuyos aportes aún se valoran en el universo cultural guaraní.
Sánchez Leguizamón y Arraya recorren la etapa postlilisista, la Ocupación Norteamericana del 1916, el régimen de Horacio Vásquez, la Era de Trujillo, la Intervención estadounidense de 1965, los gobiernos de Balaguer, Guzmán, Jorge Blanco, Leonel Fernández, Hipólito Mejía y la actual gestión del presidente Danilo Medina. Entre las luces se cuela una sombra: la participación de tropas paraguayas junto al yanqui interventor en el 65. Pero de la experiencia nació el libro Memorias de un adolescente soldado guaraní, de Carlos Noguera Vásquez, donde narra sus peripecias durante la guerra con solo 16 años, quedando asombrado, tanto por el entorno natural de tierras y mares, “como por la forma en que el pueblo dominicano luchaba por sus instituciones democráticas, con dignidad y patriotismo”.
Los autores refieren que el paraguayo común refleja admiración, solidaridad y hermandad con el dominicano, actitud demostrada en la colonia Santo Domingo de Guzmán, Departamento de Caaguazú-Paraguay, “en homenaje a la tierra caribeña que conocieron con tanto valor”. Calles y escuelas con los nombres de ambos países se bautizaron aquí y allá como expresión de afecto recíproco, mientras cerca de doce mil turistas paraguayos vacacionan anualmente en esta isla. Una revisión al ensayo lleva a la conclusión de que todos los pueblos son amigos, aunque en ocasiones sus jefes los ponen a pelear. Esta apreciación incluye hasta al mismo pueblo estadounidense. ¡Vale!

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