EPISTEMOLOGIA DEL LIBRE COMERCIO (*)

Hasta algún tiempo, se ha admitido que todo el fundamento epistemológico de la llamada economía clásica se basa en principios científicos, pero no es así, ya que, por su propia naturaleza, al igual que la economía marxista solo se basan en preceptos ideológicos, la primera basada en la competencia perfecta y la segunda basada en la lucha de clases.

La competencia perfecta es un concepto nominalista, aristotélico, y en esa perspectiva reduccionista y desde el punto de vista de sus bases conceptuales estas no se compadecen con la realidad, por ejemplo, veamos sólo una de estas, cuando se dice que debe existir un conocimiento de todos los ofertantes y de esta manera los demandantes tendrán mayor capacidad de decisión, esto no funciona así ni siquiera desde que elaboraron estas premisas de la “competencia perfecta”. Desde el punto de vista del principio hereditario, si las bases de una llamada ciencia, en este caso de la economía clásica, es falsa, toda la construcción será falsa, a pesar de los ornamentos o accesorios de otras ramas del conocimiento, y es en esa perspectiva que hay que ver el fundamento de la economía de Adam Smith, que en ese tiempo cuando escribe “La riqueza de las naciones” era empleado de la Compañía de Indias Orientales, se sustenta en dos factores: precios y cantidades u oferta y demanda, para que funcione su teoría  los demás factores se mantienen “ceteris paribus”, es decir constantes, a pesar, como ha ocurrido muchas veces, que estos factores son más importantes que las determinadas por los precios y  cantidades.

Por ejemplo, el desarrollo tecnológico, que no tiene una tasa constante de crecimiento, y que expresa explícitamente la capacidad creativa del individuo en la mejora constante de sus niveles de vida; al decir de Lyndon H. LaRouche “la creatividad humana es el verdadero motor de la economía”.

Otro factor importante que no contempla la economía de Smith, es el crecimiento de la población y solo apela a la perversidad de Malthus, y no a una verdadera ciencia del crecimiento de la población que es una condición fundamental en la definición política, cualquier economía mínimamente instruida debe saber que la condición de crecimiento de la población es una condición natural de la humanidad y que irónicamente el control de población es tan perverso como el libre comercio.

No sigo hablando de otros factores, por ejemplo, todo lo que es la geografía económica en sus diversas composiciones y la economía de Smith y sus seguidores han dejado de lado factores cruciales de la naturaleza, el ser humano y Dios.

Aunque luego de manera aislada y carente de coherencia tratan de incorporar estos factores, pero en la perspectiva de sus bases conceptuales; por eso podemos escuchar hasta a premios Nobel defendiendo la esclavitud.

Una sociedad no puede depender de una economía que se basa en lo que se denomina su curva de oferta y demanda, que sólo ve al ser humano como un recurso natural y por lo tanto con un fin utilitario, supone de hecho una visión bestial del ser humano, le niega su capacidad superior, como individuo hecho a imagen y semejanza de Dios, “Imago Dei” y “Capax Dei”, que le da la capacidad creativa de hacer cambiar la realidad, pero en función de la recta razón de Dios y no el fetiche del “becerro de oro” que subordina al hombre a una mera condición de bestia.

Si no hay una conexión real entre moral y economía se rompen los fundamentos válidos para entender el significado de la ciencia económica, y si se aparta de la ley natural, sus características de ciencia son para dudar, y no es que existan razones morales para justificar o no la existencia de una ciencia, sino porque la ciencia y a recta razón de Dios son coherentes.

Y esta falta de conexión se puede ver en algunos de los pasajes de los escritos de Adam Smith por ejemplo en su “Tratado sobre los sentimientos morales” solo le da al ser humano una combinación de placer y dolor, si esto solo fuera así entonces no existiría la capacidad creativa perpetua, capaz de producir cambios autoexpandientes para la vida del hombre, como lo demuestra la transformación a partir de una idea para cambiar la realidad y esto se palpa ontológicamente cuando se transforma en beneficio del ser humano.

Estamos pues ante dos ideologías determinantes, que no pueden reflejar una verdadera ciencia de la economía, que sus antecedentes se remontan mucho antes que Adam Smith. No voy a mencionar el versículo 28 del Génesis, pero si por ejemplo el trabajo de Godfred Leibniz, el denominado “Sociedad y Economía” (1621) más de cien años antes que “La riqueza de las naciones”.

Leibniz desarrolla conceptos fundamentales como trabajo, tecnología y productividad que si real y efectivamente propician el desarrollo material y espiritual. Desde Leibniz, pasando por Colbert, Hamilton, Mathew y Henry Carey y otros y con el último impulso conceptual de Lyndon H LaRouche han creado la base para ver a la economía como una verdadera ciencia, que deja de lado los factores de mercado sino busca garantizar las condiciones necesarias para la sobrevivencia exitosa de la sociedad. La métrica de Leibniz es desarrollada con más precisión por LaRouche, con la relación de causa / efecto entre lo que llama la densidad relativa potencial de población (DRPP) y la densidad energética prevaleciente. Es la métrica para medir el desarrollo de la ciencia económica desde un punto de vista científico.

Por lo tanto el librecomercio como construcción teórica se basa en premisa falsas y solo depende de una realidad política de las fuerzas dominantes en un periodo de la historia, y estas fuerzas desde el punto de vista político representan la vieja oligarquía que ha usado indistintamente a una serie de pensadores para poder mantener su poder casi eterno, pero hoy ante el escollo por una verdadera ciencia económica desarrollada por Lyndon H. LaRouche, pone en el tapete todo un cambio conceptual de una economía física y no la charlatanería de la llamada economía clásica y todos sus pelajes concomitantes.

(*) Por: Jorge Luis Meléndez Cárdenas-Lunes 31 de julio de 1995. Cañabrava, SD, RD.

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