Militares venezolanos evitan usar su uniforme en las calles por temor al repudio popular

Desde hace unos años, identificarse como militar dejó de ser una opción. «No es que me dé pena decir que soy militar sino que lo evito porque no sé cómo lo vean las personas que están mi alrededor», relata Pedro (su nombre fue alterado para proteger su identidad), un militar activo de la Fuerza Armada de Venezuela, en diálogo con Infobae.
Ahora caminar en la calle con el uniforme resulta ser algo impensable, precisamente por la forma en que ven muchos a los militares: como una figura represiva. «Ya no hay respeto hacia el uniforme, hacia nosotros. Entonces, para cuidar mi integridad física, prefiero no usarlo para salir».
Anteriormente, la Fuerza Armada Venezolana era una institución muy respetada e la sociedad.  El politólogo venezolano Félix Seijas señaló que, durante los últimos seis años, aproximadamente, el nivel de confianza de esta institución decayó de tal forma que se asocia directamente con cualquier otro ente gubernamental, algo que antes no ocurría: «Los niveles de aprobación, después de ser históricamente altos, junto con la Iglesia y las universidades, han venido cayendo durante los últimos seis años de manera importante».
Actualmente, muchos batallones recomiendan a sus soldados no salir a la calle con el uniforme para evitar cualquier acto de repudio por parte de los ciudadanos hacia los funcionarios.
En Venezuela, la figura militar no es bien vista, luego de que estos tomaran papel protagónico en torturas, represiones, muertes y maltratos contra la población.
En las protestas callejeras entre abril y julio de 2017, la represión conjunta por parte de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), Policía Nacional Bolivariana (PNB), Milicias Bolivarianas y colectivos paramilitares dejaron un tendal de al menos 129 muertos, según las cifras del  Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS). Otros 51 manifestantes fueron asesinados durante los primero 90 días de 2019.
El politólogo expuso que en las manifestaciones de años anteriores la represión era básicamente de guardias nacionales en su totalidad; sin embargo, considera que esto cambió.  «El FAES y los colectivos han tenido mayor protagonismo. Algo ocurre, no es la GNB la única en tomar acción en esto. Ya no es como antes, hoy en día no es el principal órgano de control interno».
El oficial de la FANB que habló con Infobae sobre cómo ha sido su vida dentro del ejército venezolano y cómo la situación ha llegado a tal punto que no ve la hora de poder desertar porque la impotencia y la decepción se convirtieron en parte de su rutina.
Su familia y su hija de cinco meses lo hacen replantearse y cuestionar la idea de irse del país sin un plan. «No hago nada con abandonar el Ejército y quedarme en Venezuela. Si no tengo donde llegar, no me voy, pero espero poder hacerlo antes de diciembre».
Emigrar al sur del continente y dedicarse al área de seguridad, debido a su experiencia en el manejo de armas, es una de las tantas ideas que rondan en su cabeza. «Una amiga me dijo que puede recibirme, pero aún no tengo nada listo. Primero debo reunir dinero».
Diariamente se levanta y se enfrenta la rutina: hacer la guardia correspondiente para proteger el fuerte militar donde trabaja. Todo se ha vuelto repetitivo. Cuando el sueldo llega, se disipa en un contar de tres. «Trabajas un mes para que cuando veas el resultado te des cuenta de que no cobras un sueldo que te permita costear tus necesidades. Me siento un poco desmotivado con todo lo que está pasando porque no alcanza y por más que sea los días pasan y nuestro día a día se vuelve rutinario».
La última vez cobró 45.000 bolívares soberanos. No llegan ni a 10 dólares, si se calcula a la tasa oficial del momento (5.202,94, de acuerdo con el Banco Central de Venezuela). Conseguir los productos, poder subsistir y mantener a la familia no es fácil. Cuando todo se torna oscuro, y el dinero no alcanza, Pedro solo quiere hacer una cosa: «Maldecir al gobierno, todo lo que está pasando y lo que estamos viviendo».
El director Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), Benigno Alarcón, aseguró que los tiempos en los que la carrera militar representaba una oportunidad de ascenso social y profesionalización, sin distinción, quedaron atrás.
En los últimos 20 años, la institución perdió el carácter neutral que la caracterizaba. Ahora, considera Alarcón, existe un profesional militar cuya posibilidad de ascenso dentro de la Fuerza Armada depende fundamentalmente de su apego y de su lealtad a un gobierno específico y no al mérito y a las capacidades demostradas en su trayectoria.
«Esto le ha hecho un daño a la reputación de los militares y generó repudio por la mayor parte de la ciudadanía. La carrera militar era una carrera altamente deseable, que no era cuestionada por nadie. Tener un hijo dentro de la FANB era un orgullo para la familia».
En una dictadura como la de Nicolás Maduro, son pocos los militares dispuestos a hablar. Algunos por miedo, autocensura o prohibiciones por parte de sus superiores; y otros por creencias firmes.
Sin embargo, en la calle, haciendo las guardias diarias, con el sol en el máximo punto, algunos también acceden a comentar sobre su vida en el Ejército.
María, una militar venezolana de 23 años, contó lo difícil que se le ha vuelto la vida dentro de la Fuerza Armada Venezolana. La funcionaria, que no había dormido ni comido por más de 24 horas, se estaba preparando para ser sargento. Estar dentro de la Fuerza Armada no era algo que la hacía sentir orgullosa y no se lo recomendaba a nadie. «Cuando mi hijo de cuatro años me dice que de grande quiere ser como yo, le respondo que no, que haga lo que sea, menos esto».
Aseguró que permanecía dentro del Ejército por presiones familiares, porque le decían que «debía tener algo que ofrecerle a su hijo» y que la vida afuera «cada vez era más ruda». «Aquí te tratan como una basura», aseguró.
Un día, caminando en la calle con el uniforme, alguien le gritó: «Maldita chavista». Esto solo es una pequeña parte de lo que ha tenido que escuchar. Sin embargo, ya lo toma como algo normal, porque «forma parte del entrenamiento».
Muchos militares, con tendencias institucionales arraigadas optan por no frecuentar ciertos tipos de negocios o establecimientos públicos. Mariana, quien tiene un hermano dentro de la FANB que ocupa una «posición estratégica», asegura que dentro de su familia el tema político no se toca.
»Acá en la familia ese tema es sagrado. Por ejemplo, si estamos en un grupo de Whatsapp y hablamos del tema de los apagones, él (su hermano) se sale y no habla más. Él es muy institucionalista. Si alguien le dice algo en la calle, él prefiere no contestar. Se retira. Él no es el que te va a mandar a meter preso ni nada».
Para Luis, otro soldado que se encontraba haciendo guardia en el Paseo Los Próceres, un monumento icónico de Caracas, ubicado en el oeste de la ciudad, el repudio hacia los militares ocurre debido a que algunos funcionarios «no saben tratar» a los ciudadanos. «Uno mismo hace perder el respeto porque hay quienes están obstinados y no saben cómo tratar a las personas y por uno pagamos todos», explicó el joven de 19 años de edad.
El Ejército fue la manera que encontró para poder colaborar con su familia, que se encuentra en el interior del país. «Yo estoy aquí para ayudar a mi mamá. Ella cobra por mí, yo no cobro. La tarjeta la tiene ella», dijo mientras se retiraba para continuar con sus labores de rutina.
Este 30 abril un grupo de militares venezolanos intentó tomar la base aérea La Carlota, junto a Juan Guaidó, presidente encargado de Venezuela, y Leopoldo López, político liberado de su arresto domiciliario por esta coalición.
El politólogo Seijas aseguró que, a pesar de este movimiento, la visión sobre los militares en Venezuela se mantiene igual. Lo que los ciudadanos perciben es que hay un alto mando que está regido por Nicolás Maduro, mientras los de abajo difícilmente tiendan a reaccionar.
Sin embargo, resultaría muy temprano para que se pueda reflejar un cambio contundente en cuanto a la percepción de los ciudadanos hacia la fuerza castrense.
Para el director Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la UCAB, Benigno Alarcón, la sublevación de este grupo de militares podría ser consideraba por los ciudadanos como personas que individualmente se desvincularon de la institución por no estar de acuerdo con ella.
«El día en que la posición de neutralidad institucional sea un reflejo de la actuación de toda la Fuerza Armada, esto sí va afectar de manera positiva la confianza y la aceptación que haya hacia la institución».

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