Madre dominicana y su hijo vendedores ambulantes en el Alto Manhattan asfixiados por la crisis económica del coronavirus

NUEVA YORK._ La dominicana Altagracia Marte y su hijo Reyes Peralta, quienes desde hace años se ganan la vida como vendedores ambulantes en la intersección de la avenida Saint Nicholas y la calle 181 en el Alto Manhattan, donde mantiene un puesto de freír pastelitos, empanadas, chulitos y otros antojitos dominicanos, están siendo asfixiados por los estragos financieros del coronavirus, del que Nueva York es el epicentro en Estados Unidos.

Por encima de que antes de que el virus hiciera su siniestra aparición en China, las ventas no iban muy bien, debido a la situación económica en general, pero Altagracia y Reyes Peralta, aseguran que la pandemia acabó de rematar la falta de recursos, aunque han  disfrutado de una clientela que va y viene.

La señora Marte de 70 años de edad y corriendo un alto riesgo de contagiarse, ya que no al menos en ese momento no estaña usando mascarilla ni guantes para protegerse, dijo que a pesar de que casi nadie está en las calles por la cuarentena, la situación y los compromisos económicos que ella y su hijo tienen, los obligan a salir para continuar vendiéndoles a quienes les compren.

La fritura es una imagen clásica de los puestos comunes callejeros que en la República Dominicana consisten de un freidor, una meseta y una especie de vitrina.

Ella dijo que cada día es lo mismo y “estamos como un trompo”.

Durante toda la mañana de ayer martes, no habían conseguido un solo cliente, peor que en días anteriores cuando las ventas estuvieron su nivel más bajo.

La madre y el hijo necesitan dinero para pagar la renta de alquiler donde viven, sostenerse y enviar dinero a la familia en la República Dominicana.

También suplirse de la materia prima para elaborar las empanadas y los pastelitos.

Por eso,  la madre se une todos los días al hijo para ayudarlo en el negocio ambulante.

Dicen que están obligados a violar la disposición del gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, que ordenó que solo los negocios esenciales permanezcan abiertos.

“No nos queda más remedio que arriesgarnos”, dijeron  en referencia a que policías e inspectores podrían sacarlos de circulación al menos, mientras dure la pandemia y sus restricciones.

Altagracia dijo que hacía tres días que no salían a vender, “pero ahí viene el 30 y tenemos que pagar la renta, hay que arriesgarse porque el dinero no llega solo y sino… ¿cómo pagamos la renta?

Ni ella ni su hijo tienen dinero ahorrado que les permita estar sin trabajo y cumplir sus compromisos.

“Si tuviéramos dinero, estuviésemos acostados, viendo televisión y mirando las paredes y los bombillos”, añadió la madre.

De docenas de vendedores ambulantes que se estacionan diariamente en la congestionada intersección del Alto Manhattan, Altagracia y su hijo eran los únicos el martes allí.

Ella dijo que aún sufriendo de una enfermedad que afecta su sistema inmunológico, tiene que estar en las calles en busca del dinero.

Relata que además de ayudar a su hijo, también se la “busca” recogiendo botellas para venderlas por las que se paga 0.5 centavos cada una.

Dice que lo único que nunca ha hecho ni hará, “es robar y hacer lo malo”.

Explicaron que no usan guantes ni mascarillas, porque tienen esos dispositivos para protegerse del coronavirus.

“Pero seguimos trabajando con fe. Estamos agarrados de Dios y quien se agarra de Dios, nunca se cae”, dijo fortificando su fe y si perder la esperanza.

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