Grafiti en la barbarie

Doblando calles y enderezando esquinas en la urbe salvaje donde es posible hasta lo imposible, de pronto cualquiera se encuentra con algo que va más allá del compre aquí, que le sale más barato; más que el bocinazo impertinente del que no soporta la lógica invariable de un semáforo; más allá del pedigüeño gordo de hambre y de la guagua a mil que por poco te factura tu pequeña parcela definitiva y una misa de cuerpo presente. Sí, de pronto uno se encuentra con un sorprendente destello de humanidad en un anónimo grafiti cien por ciento trascendente: “Sólo es derrotado aquel que deja de soñar”.

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