Adolescente dominicana grave tras ser lacerada a machetazos por ex marido que violó orden de alejamiento

NUEVA YORK._ Héctor de la Cruz, un chofer dominicano por encargo, laceró el viernes  la cara y el cuerpo de su ex mujer, la adolescente dominicana Lizbeth Acosta, de 20 años de edad, a pocas horas de ella graduarse en un curso para trabajar como cuidadora de salud en el hogar (Home Ateender), y sigue grave aunque estable en el hospital Saint Barnabas en El  Bronx, donde ya se le han hecho varias cirugías.

El agresor, quien violó una reciente orden de protección  de varias que le había impuesto Acosta, fue arrestado poco después del brutal ataque y hasta anoche, estaba a la espera de la instrucción de cargos en la corte criminal de El Bronx.

La policía dijo que de la Cruz, tuvo que ser llevado a un hospital para tratamiento, aunque las autoridades no dijeron porqué.

Acosta, quien se mudó de Nueva Jersey a El Bronx, huyendo de los supuestos maltratos de de la Cruz, fue interceptada en el lobby del edificio donde vive con familiares, incluyendo a su madre Glenys.

La pareja procreó un hijo que ahora está en manos de la abuela materna, en medio de una relación tóxica e inestable, según atestiguan allegados a la familia de Acosta.

El hombre, la atacó a las 9:15 de la noche del viernes cuando ella caminaba por el vestíbulo del edificio, y fue en ese momento que de la Cruz esgrimió el machete y comenzó a apuñalarla con la larga y ancha hoja, con intenciones de asesinarla.

El padre de la Lizbeth, Modesto Acosta,  facilitó fotos de su hija con las profundas laceraciones en la cara, un brazo, manos y otras partes del cuerpo.

Los cirujanos, necesitaron 8 horas para suturarle las lesiones en la mandíbula y la boca, que tuvieron que serle reconstruidas, pero ella necesitará más intervenciones.

«Esperamos que Dios haga su trabajo y que ella mejore», dijo Lina Tejeda, una tía de Acosta, de 62 años de edad. “Ella está estable en este momento. Esperamos que Dios la deje recuperarse».

También fue amacheteada  en la parte posterior del cuello y la mano derecha mientras trataba de escapar del vestíbulo del edificio situado en la avenida Grand Concourse cerca de la calle 196 Este en el vecindario de Fordham Manor, dejándola en estado crítico.

«Ella estaba tirada allí y había sangre por todas partes», dijo una vecina que no se identificó. La vecina dijo que ella y otros inquilinos del edificio habían visto al ex novio merodeando en el interior del inmueble, pero ellos no lo conocían ni sabían a quién o qué busca de la Cruz en el área.

«Estuvo en el pasillo del apartamento donde ella durante varias horas, de pie frente a la puerta, esperando que ella llegara», dijo la vecina.

“Ella  quería trabajar. Quería seguir adelante», dijo el papá de la víctima, de 57 años, que estaba pie junto a la cama de su hija en  el hospital que el domingo apenas podía tratar de abrir los ojos o balbucear palabras.

“No sabemos cuánto tiempo tendrá que quedarse aquí. Ella casi perdió su vida», agregó el padre.

La relación de Acosta con de la Cruz fue problemática casi desde el momento en que se conocieron hace tres años y medio, dijeron familiares de ella.

«Decía que no quería estar sola porque él siempre la golpeaba», dijo su padre, añadiendo que el hijo de la pareja nació un año después que comenzaron la relación.

«Ella pensó que tal vez porque tenían una hija las cosas mejorarían», añadió el señor Acosta. «Pero después de un tiempo no pudo soportarlo más».

La familia dice que Lizbeth  solicitó una orden de protección (alejamiento) en un tribunal de Paterson en Nueva Jersey, donde vivía de la Cruz,  hace  tres meses y que el hombre  fue arrestado varias veces durante la relación por cargos de violencia doméstica.

Las autoridades no pudieron confirmar de inmediato ese dato.

«Se separaron porque él la maltrataba», dijo la tía de Acosta.

Cuando la mujer se mudó de Nueva Jersey a Nueva York,  se llevó a su hija Kayla de 2 años a El Bronx.

La abuela de Acosta decidió irse a vivir con ella para ayudarla.

Como resultado de los machetazos, es probable que tenga cicatrices de por vida, explicaron los padres.

«La amamos mucho», dijo la tía de Acosta. «Estamos confiando en Dios que habrá justicia. Porque la justicia divina no falla».

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