EL INFORTUNIO DE LA PATRIA

Un llamado a la conciencia nacional, en esta hora decisiva de nuestra historia donde el destino de la patria está en juego, como son los días actuales en que parece que sobre el espíritu de todos los dominicanos se cierne, como un ave agorera, el presentimiento del desastre, de un baño de sangre, pues lo lógico es que en este momento de la hora de tanta incertidumbre la opinión de buenos ciudadanos de inspiración patriótica, acudan en busca de fortaleza cívica en aquellos sitios que permanecen como hitos inconfundibles en el devenir de la historia dominicana. Esta nación es un tabernáculo de fe nacional, porque aquí se han dado cita el patriotismo, la democracia y la hidalguía para convertir esta nación en arca de virtudes patricias y en sede de civilidad y valor espartano. Esta larga tradición de patriotismo y de hidalguía, de limpieza cívica y de rectitud libertaria, es lo que constituye el canto y el orgullo de ser dominicano consciente, contemplamos con angustia a la patria convertida por malos dominicanos, por dentro y por fuera en una hoguera de discordia. Los que al país le conviene hoy es evidentemente buscar una salida rápida y airosa y no el caos a la situación creada por la elección del 16 de febrero recién pasada y no una lucha fratricidas de intereses de políticos donde algunos de ellos carecen de insuficiente arraigo en la opinión popular, pero la paz del país obviamente es superior al de los partidos políticos. Ningún sitio es mas a propósito que este para que cualquiera de los que tercian como candidatos presidencial en la consulta electoral para el 17 de mayo de 2020 analicen la situación del país en estos momentos críticos que vive la nación expongan con claridad su criterio sobre las fórmulas que deben seguirse para restablecer, en el más corto tiempo posible, la tranquilidad, a este pueblo que no quiere que la pasiones más enconadas, nunca se apele al terrorismo ni al atentado personal para dirimir rencillas políticas electorales. Y crear una ola de desórdenes que cubran de un extremo a otro la nación, para oponer un valladar suficientemente sólido no sólo al instinto de las masas que se haya hoy desbocada, sino también a las actividades conspirativas de ciertos grupos en los cuales la ambición de mando y de poder a degenerado en un sentimiento obsesivo, por el poder.
El país puede caer en un baño de sangre por la discordia de la fuente donde proceden todos nuestros descalabros políticos y sociales; que los golpes de estado solo humillan sino que también corrompe y se abona el árbol de la libertad con sangre. No es ésta la primera vez, después de todo, que sobre nuestro país se abaten las aves agoreras del infortunio. Desatada ya la barbarie, y colocado el país sobre charcos de sangre por el asalto a mano armada, por un grupo de políticos desesperados por la necesidad imperiosa de volver de nuevo al poder. Nuestros políticos sin eseccion son unos tramposos vulgares porque las elecciones en el país son una lucha de carácter económico y de poder, pues yo creo que las elecciones del 15 de marzo no tienen ninguna garantía que se celebren, pues la oposición no quieres elecciones, quieren el caos.
En estos momentos conflictivos para la nación, cuando nuestro porvenir de un país de paz, la misma pende de un hilo con la consulta electoral del próximo 17 de mayo, de la que depende la tranquilidad de la nación.
Quebrantada por la protesta para instaurar la anarquía, el caos a través de movimientos donde están envueltos jóvenes incautos, que están protestando, son usados como carne de cañón. De donde saldrá el fuego del desastre de la hoguera que mantienen encendida, los externos enemigos de la patria. Desatada la barbarie, y colocada la nación sobre un charco de sangre, donde los vivos vamos a sentir envidias de los muertos, será tanta la sangre derramada, que “hasta los frutos de la tierra tendrán sabor a sangre”. Si esto es lo que quiere la oposición, cargaran con la responsabilidad de tantos muertos y la sangre derramada por sus ambiciones desmedidas. Dejemos caer la venda que ciega nuestros entendimientos y echemos a un lado nuestros odios, rencillas y rencores.
¡Que Dios nos ilumines y el infortunio de la Patria nos una!

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