Partidos políticos, bancas de apuesta y prostíbulos

Estoy atenta al quehacer político de la nación. Añoro que el país tenga desarrollo integral, equilibrado y humano; que disfrute de justicia social, paz y alegría, producto del respeto al prójimo, de la unión familiar, de honestidad en las acciones.
Hay escenarios, que son fuentes de aprendizaje para la población; la familia y el quehacer político, están dentro de ellos. La familia es un pequeño jardín donde tenemos la oportunidad de cosechar flores y frutos hermosos: los hijos. Con muchos jardines bien cuidados, el país sería maravilloso.
La dinámica del quehacer político es otra fuente de aprendizaje que repercute en toda la nación. Se supone que los partidos políticos, buscan proteger la población, proporcionarle herramientas para desarrollar sus potencialidades, vivir tranquila, progresando. En épocas pasadas, las acciones lucían más despejadas, se entendían mejor; hoy, el panorama es confuso.
Tenemos varias organizaciones políticas y líderes poco ejemplares; sin ningún pudor, hacen de sus partidos, especie de prostíbulo, de banca de apuesta. Como en vitrinas, exhiben encantos; hacen señales con papeletas o poder, para que entren los que coquetean, los indecisos, los ingenuos, los ambiciosos; buscan figuras impactantes, destacadas o el mejor postor, para hacer “acuerdos de aposentos”, entregar el cuerpo o el alma a cambio de dinero o poder. De ahí, el transfuguismo, compra de votos y hasta alianzas.
A algunos partidos llegan desertores; se quitan la máscara que llevaron por años; abandonan la parcela donde se levantaron y recibieron dadivas de múltiples especies, para entrar en otra; mientras otros, se mecen como en hamaca: besan, por un lado y abrazan, por el otro. Es un pensar en conveniencias personales, en papeletas, en poder, no en el pueblo. Ese tipo de político no debe estar en las posiciones claves de la nación.
Debemos elegir los dirigentes nacionales, teniendo en cuenta sus valores morales; su comportamiento en el hogar, la firmeza de su ideología política. Pensemos en nuestros hijos, en la juventud, quienes necesitan observar parámetros ejemplares; evitemos “chapeadores” en las altas esferas, para no fomentar la corrupción ni la violencia. El voto no debe darse a quienes dan malos ejemplos y ¡jamás venderse! La venta del voto es un atentado contra la democracia; debemos preservar los valores patrio. Urge tener dirigentes que con sus actitudes y acciones den lecciones de honestidad, de respeto a la familia; solo lo lograremos, con líderes que se respeten a sí mismo y al país.
Urge que los partidos políticos enarbolen su mística y razón de ser en pro de la patria; evitar que sean como prostíbulos, banca de apuesta, centros de negocios, donde corrompen jóvenes, compran al votante, le pagan a tránsfuga; evitemos los políticos que solo piensan en su disfrute, sin tener en cuenta la población; obliguemos los partidos a esgrimir ideologías; que sean celosos guardianes de su esencia, apoyando personas de conducta intachable.
Pidámosle a Dios luces, para poner al frente de los municipios, congreso y presidencia de la República, líderes que hayan sido ejemplares en el quehacer político y familiar.

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