La iglesia católica y el voto

Ayer, en que la nación se detuvo para rendirle homenaje a la madre espiritual del pueblo, la Virgen de la Altagracia; en que la mayoría de los creyentes desbordaron su fe en Dios y en la Virgen, asistiendo a santuarios, para agradecer, hacer promesas, peticiones y desbordar su íntimo sentir; ese día, la iglesia católica, aprovechó el escenario para exhortar el pueblo a que no vendan su voto en las próximas elecciones, donde elijaran los dirigentes de la nación.

 En las homilías, se escucharon obispos, arzobispos, sacerdotes, etc., hacer la misma exhortación: no vender su voto; madurez y respeto es un voto limpio, libre, que no venga de que haya comprado la conciencia; pedir a Dios que  ilumine y ponga en el pensamiento lo que cree mejor para el pueblo; que a ninguno se le ocurra venderlo y mucho menos, que haya uno que se atreva a proponerle negocio para comprarlo; que es penoso ver que compren voto por miseria y cedulas por disparates;  que las elecciones son para demostrar lo que somos  y la madurez que  tenemos; buscar personas honestas que ofrezcan garantía de servicio a la patria;  que  representen los mejores intereses, etc…

La iglesia expresó su preocupación, pero debió aprovechar el escenario para evangelizar, para destacar como se apartan de Dios, de las enseñanzas de Jesús, los que venden y compran votos; porque un buen cristiano no vende su voto, “su alma” por cosas materiales; ni un buen cristiano, ofrece comprarlo; prefieren como Jesús, morir en la cruz.

En su petición, la iglesia lucia desesperada. ¿Se siente culpable? Es difícil lograr cambio de un día para otro; más aún, cuando sus facilitadores están contaminados, pierden el rumbo, confunden. Por la rutina, hay instituciones que pierden de vista la esencia del ser. Los sermones deben ser permanentes, no eventuales, aprovechando todos los eventos para inyectar principios cristianos, recordando el accionar de Jesús; se logra con religiosos que cumplan su misión con entusiasmo, ejemplares en sus actitudes y acciones, moviendo  principios cristianos, defendiendo la justicia social, para combatir males.

 La falta de valores cristianos en el alma de la gente, amor al prójimo, respeto, justicia social, etc. es lo que realmente trae males, como violencia, ambición, corrupción. etc.; es lo que lleva a vender y comprar  el voto, que significa vender el alma, vender la paz.

Se necesita con urgencia un liderazgo activo y permanente de las iglesias en el seno de la nación; sembrando en su alma hermosos valores morales, que contrarresten los antivalores políticos; que recuerdan que todos seremos más felices si pensamos en el bien común. No tienen que esperar un día especial, para hacerlo, como lo hacen los políticos en campaña; ni correr angustiadas tras los antivalores, solo recordar las lecciones divinas y  que vivir  con la conciencia en paz, es el tesoro más valioso, hermoso y maravilloso de que puede disfrutar la humanidad.

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