Filantropía de la luz

Juan Llado

Ya los bancos no son considerados usureros endemoniados. De hecho, son empresas necesarias para que el sistema económico capitalista pueda funcionar adecuadamente. De su quehacer algunos obtienen pingues beneficios, mientras otros sufren por baja rentabilidad. Pero algunos observadores respingan cuando reportan jugosas ganancias y los acusan de prácticas leoninas. Otros son acusados de incumplir su responsabilidad social. En el caso del Banco BHD Leon, sin embargo, su ilustrada filantropía desmiente a los críticos y resulta un modelo a imitar.

Tal veredicto aflora al recordar el rol de los bancos en el entramado de una economía de mercado. Entre los factores de producción –el capital, la tierra y el trabajo–, los bancos tienen como misión empresarial canalizar el capital hacia donde lo requiera el desarrollo económico. Ellos captan depósitos del público para prestarlos a los inversionistas y empresarios con necesidad de capital, además de facilitarle medios al consumidor para adquirir bienes útiles y solventar otras necesidades. En esa labor de intermediación financiera ganan un margen que les permite hacer rentable su patrimonio.

Pero los dividendos de los bancos no deben distribuirse solo entre sus accionistas. Deben también servir para responder a algunas necesidades de desarrollo social, lo que actualmente se conoce como la “responsabilidad social corporativa” (RSC). Este moderno concepto reconoce la necesidad de que el afán de lucro individual juegue un papel, aunque marginal, en el desarrollo de la sociedad que le permite acumular riquezas a los dueños de los medios de producción. En el mundo empresarial se debe entender que el bienestar general es una meta de interés individual porque asegura la salud de las empresas.

Esa conclusión se deriva del marco ideológico de la sociedad capitalista. Esta se fundamenta en los valores de “la libertad y responsabilidad de los seres humanos, de su capacidad de solidaridad espontánea, de la honestidad y el respeto mutuo, de la pasión por el trabajo bien hecho y la colaboración pacífica entre personas.” Cuando esos valores se observan adecuadamente, el libre albedrío y la iniciativa individual generaran una sociedad justa. La solidaridad que emana de ese tipo de accionar se manifiesta espontáneamente a través de la filantropía, un término cuyo significado original fue “amor al hombre o a la humanidad”.

Este comportamiento altruista tiene su origen en el intento del emperador romano Flavio Claudio Juliano, a fines del siglo III, de restaurar el paganismo contraponiéndolo el concepto cristiano de la caridad. Pero la filantropía no persigue resolver un problema inmediato como es el caso de la caridad, sino conseguir un cambio que sea duradero. Cuando la practica una empresa, “la inversión de este tipo no espera beneficios ni está alineada a la estrategia de la compañía. Eso la diferencia de la RSC o la inversión socialmente responsable.”

Mientras las metas de la filantropía figuran en lontananza, las de la RSC se enfocan en logros más inmediatos ligados a la estrategia de la empresa. “La responsabilidad social corporativa es una contribución activa y voluntaria con ejes sociales, económicos y ambientales, que de encontrarse integrada en la misión de la organización, tiene el objetivo de mejorar su situación competitiva, aportar valor a la empresa, beneficiar a sus trabajadores y a las comunidades que se encuentren dentro del área de influencia.” La RSC se revierte en beneficio casi inmediato para la empresa.

Por contraste, la feliz iniciativa del BHD Leon de prestar su apoyo a la formación ética de la juventud es un ejemplo de filantropía pura. Al acordar en el 2016 una alianza de cooperación con el Minerd para esos fines, el Banco se comprometió apoyar la ejecución de un programa de educación en valores denominado “Valora Ser” que capacitará a 8,200 docentes para las aulas de 4,100 centros educativos, lo que impactará en más de 900,000 jóvenes. Este “será aplicado en los centros educativos públicos y privados y estará encaminado a la promoción en valores, formación integral, y la convivencia pacífica en comunidad.” Los valores a ser fomentados incluyen “el respeto a la vida, respeto a los derechos fundamentales de las personas, solidaridad, justicia, respecto a la verdad, igualdad de derechos entre hombres y mujeres, respecto a las diferencias individuales, dignidad y valores comunitarios”.

Como apropiado adendum a la iniciativa, el BHD Leon acaba de firmar un acuerdo con el INTEC para “integrar la asignatura obligatoria “Neurodidáctica y Educación en Valores” en el pensum de la Licenciatura de Educación, la cual estará también disponible como materia electiva para el resto de las carreras. Al firmar el acuerdo, el presidente del Banco señaló que “Valora Ser forma parte de nuestro compromiso con la formación de educadores con una conciencia ética que puedan transmitir estos conocimientos a sus alumnos de una manera dinámica y que contribuyan a la generación de ciudadanos comprometidos con su entorno social”.

Obviamente, Valora Ser entronca perfectamente con el marco ideológico de la economía de mercado citada anteriormente. Lo más importante, sin embargo, es que constituye un altruista aporte a la sociedad dominicana, aunque su impacto no puede ser inmediato sino de largo plazo. El aporte apunta al meollo del desarrollo nacional y deberá también contribuir con el desarrollo del emprendimiento y, eventualmente, el combate contra la corrupción y la impunidad. En una palabra, califica como filantropía de la luz alineada con los mejores intereses de la sociedad.

Armonizando con esta insigne contribución, en su estrategia de desarrollo empresarial el BHD Leon ha sabido incorporar proyectos de RSC que son dignos de mención. La premiación anual creada en 2015 “Mujeres que Cambian el Mundo”, por ejemplo, “se ha instituido como un reconocimiento que honra a las mujeres que, con sus acciones y aportes, impactan de manera positiva su entorno al generar transformaciones en su comunidad o en la sociedad desde distintas áreas distintas áreas, como acción social, arte, educación, emprendimiento, género, investigación científica, medioambiente, salud, entre otras.” En una sociedad de cultura machista, esos premios fomentan la equidad de género y contribuirán a disminuir los feminicidios y la trata de personas.

Otro complemento alineado a su filantropía apoya al emprendimiento. Con un programa de crédito para las Mipymes, el Banco ha estado cumpliendo con la misión de ayudar a desarrollar nuevos empresarios y, a través de ellos, de apoyar la innovación. En este renglón deben destacarse el programa Mujer Negocios que el Banco desarrolló con el Centro Mipymes de la UNPHU y la plataforma digital Comunidad OPEN que representa “un glosario de empresas dedicada a ayudar a otras empresas en las áreas administrativa, legal, financiera y de mercadeo.” Un logro sobresaliente ha sido la facilidad de US$50 millones del BID Invest para apoyar a las mipymes de mujeres con condiciones de crédito más blandas. Estas modalidades de intervención superan por mucho los a servicios que ofrecen los programas estatales a las mipymes.

A juzgar por lo reseñado más arriba, el Consejo de Directores del BHD Leon está conduciendo sabiamente sus acciones de filantropía y de RSC. Ojalá y algún otro banco lo imite proveyendo fondos para fortalecer el Consorcio de Educación Cívica que patrocina la PUCMM. Según el afamado escritor ruso Leon Tolstoi, “el que ayuda a los demás se ayuda a sí mismo”.

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