Políticos sin herencia

El liderazgo político no da relevo. Los que están en la cola tienen obligatoriamente que esperar su momento, o se estrechan contra las roscas. En toda la historia política mundial, nadie puede arrebatarle el timón  a su dirigente, sin antes exponerse a una gran pelea y ser apabullado.

Lo primero que tiene que hacer el intruso o la intrusa, es tener plataforma político-partidista. Sin una base propia no podría dar un solo paso, salvo que sea para caer en el vacío. Los liderazgos se fragmentan, pero hay que ir socavándo sus columnas de frente y a las sombras.

En la historia del siglo 20 los grandes caudillos dominicanos desaparecieron sin dejar herederos. Surgieron figuras que se beneficiaron de atraer a los sectores sociales que apoyaban a los líderes añejos, pero sin relevo oficial ni entre-manos.

Las grandes divisiones de los partidos políticos se deben primero a que un allegado quiere desplomar a su jefe, o cuando dos dirigentes tienen el mismo nivel y la misma base social, y entre ellos tienen que hacer un pulso a vencer o ser subordinado.

El doctor José Francisco Peña Gómez llegó a la revolución de abril como un dirigente de relativa importancia, totalmente subyugado por el liderazgo del profesor Juan Bosch, pero levanto su propia plataforma teniendo bajo el brazo la credencial de que fue el que llamó al pueblo a levantarse en armas el 24 de abril.

Peña Gómez fue levantando su pedestal político quitando espacio a Bosch, hasta que ocurrió lo inevitable. Una división de por vida, y el surgimiento de nuevos liderazgos. Pero el doctor Balaguer no dejó a nadie que se le acercara y sepultó el futuro político de sus pupilos que se atrevieron a sacar la cabeza.

Después de la muerte de Peña Gómez la anarquía llegó al Partido Revolucionario Dominicano, vino la división y ahora Hipólito se ve en la disyuntiva a dar paso a Luis Abinader. Dos figuras. El ayer y el hoy, que se disputan de tú a tú el liderazgo del Revolucionario Moderno. Las consecuencias se verán en las venideras votaciones.

En el Partido de la Liberación Dominicana solo hay dos dirigentes máximos, los demás son miembros de esas maquinarias. Fuera de Leonel o Danilo, nadie tiene fuerzas para ganar una convención, sino es con el padrinazgo de una de esas dos tendencias. Creer tener fuerzas, sin contar con estructuras, simplemente es dar un salto al espacio y ver como las alas se queman y se cae de sopetón al duro pavimento. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

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